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Segunda edición · Octubre de 2026
Garita y costa de Puerto Rico

60+ Y TODAVÍA…

Hay mucho por vivir.
EDICIÓN 2
“No se trata de sumar años a la vida, sino de sumar vida a los años.”
Pareja mayor disfrutando al aire libre
Reportaje principal de portada · Edición 2
Audeliz Martínez sonríe entre las plantas de su huerto mientras sostiene ajíes amarillos.
Audeliz Martínez en su huerto de Lares. Foto: cortesía de Audeliz Martínez.
HISTORIAS · REPORTAJE PRINCIPAL

Audeliz Martínez: una vida de lucha, fe y victorias

De una infancia difícil en las montañas de Lares a más de cuatro décadas de servicio pastoral, Audeliz Martínez González ha construido una vida de trabajo, perseverancia y compromiso con los demás.

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SEGUNDA EDICIÓN · PANORAMA 60+

Panorama 60+

Cuatro reportajes para comprender mejor los desafíos del cuidado familiar y la realidad económica de las personas mayores en Puerto Rico.

Manos de una persona mayor sostenidas por manos de apoyo; fotografía ilustrativa
Manos que acompañanVer fotografía original ↗
SERIE ESPECIAL · PANORAMA 60+
PANORAMA 60+ · SERIE ESPECIAL

¿Quién cuidará a nuestros mayores?

¿Quién cuidará a nuestros mayores cuando comiencen a necesitar ayuda? Los datos de Puerto Rico muestran cómo cambia esta responsabilidad familiar.

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Fotografía ilustrativa: sabinevanerp / Pixabay · Fuente

Dos personas mayores sentadas juntas en un banco de un parque
Una pareja mayorVer fotografía original ↗
PANORAMA 60+ · PARTE 2

Cuando quien cuida también envejece

Muchos adultos mayores también cuidan a su pareja, a familiares o a nietos. ¿Qué ocurre cuando el cuidador envejece?

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Fotografía ilustrativa: jhenning / Pixabay · Fuente

Mujer mayor y mujer adulta leyendo un álbum o libro juntas en casa; fotografía ilustrativa
Acompañamiento en familiaVer fotografía original ↗
PANORAMA 60+ · PARTE 3

¿Quién cuida al cuidador?

El cuidado familiar no debería descansar indefinidamente sobre una sola persona. Cómo repartir responsabilidades y reconocer las necesidades del cuidador.

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Fotografía ilustrativa: cottonbro studio / Pexels · Fuente

Pareja mayor revisando documentos en una mesa de casa; imagen ilustrativa
Organizando el presupuestoVer fotografía original ↗
PANORAMA 60+ · ECONOMÍA

Envejecer con ingresos limitados

Ingresos de jubilación, gastos esenciales y una mirada documentada a las diferencias económicas entre los adultos mayores de Puerto Rico.

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Fotografía ilustrativa: Kampus Production / Pexels · Fuente

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¿Quién cuidará a nuestros mayores? — Abrir o cerrar
PANORAMA 60+ · EDICIÓN 2

¿Quién cuidará a nuestros mayores?

Una responsabilidad que ya forma parte de miles de hogares puertorriqueños

Manos de una persona mayor sostenidas por manos de apoyo; fotografía ilustrativa
Manos que acompañanVer fotografía original ↗
Fotografía ilustrativa: sabinevanerp / Pixabay. Ver fuente original.

Puerto Rico tenía aproximadamente 1,058,603 personas de 60 años o más en 2025, equivalentes al 33.2% de su población. Dicho de otra manera, aproximadamente una de cada tres personas que vive en Puerto Rico tiene 60 años o más. La cifra surge de sumar los grupos oficiales de 60 a 64 años y de 65 años o más incluidos en los estimados Vintage 2025 del U.S. Census Bureau, la misma base demográfica utilizada en la primera edición de 60+ Y Todavía…

Dentro de ese grupo, 828,673 personas tenían 65 años o más, aproximadamente el 26% de la población total. El U.S. Census Bureau estimó para 2025 una población residente de 3,184,835 personas.

No se trata solamente de que haya más personas llegando a edades avanzadas. También está cambiando la relación entre generaciones.

El Instituto de Estadísticas de Puerto Rico calculó que en 2020 había aproximadamente 168 personas de 65 años o más por cada 100 menores de 15 años. Para 2025, esa relación había aumentado a 237 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años. El índice de vejez aumentó 41% en cinco años y subió en los 78 municipios.

Ese cambio plantea una pregunta que cada vez más familias tendrán que enfrentar: ¿Quién cuidará a nuestros mayores cuando comiencen a necesitar ayuda?

El cuidado ya ocurre dentro de nuestros hogares

Para miles de puertorriqueños, esta pregunta no pertenece al futuro. Ya tiene nombre y apellido.

Es la hija que lleva a su madre a una cita médica. El esposo que organiza los medicamentos de su pareja. El hijo que pasa después del trabajo para comprobar que su padre comió. La hermana que se encarga de las compras, las llamadas y los documentos. El familiar que reorganizó parte de su vida porque alguien cercano comenzó a perder independencia.

El Departamento de Salud publicó en 2026 el informe Perfil de Cuidadores Informales en Puerto Rico, 2022, utilizando datos del Behavioral Risk Factor Surveillance System (BRFSS) correspondientes a 2022.

Según el informe, 9.6% de los adultos encuestados se identificó como cuidador informal, una proporción que el Departamento estimó en aproximadamente 271,447 personas.

El informe define al cuidador informal como una persona que presta cuidados en el hogar y que generalmente mantiene vínculos afectivos o sociales con quien recibe la ayuda. Puede ser un familiar, pareja, amistad o vecino y, usualmente, realiza esa labor sin recibir remuneración.

Para muchos, cuidar equivale prácticamente a otra jornada de trabajo

Las responsabilidades de un cuidador pueden variar considerablemente.

Algunas personas ayudan unas horas a la semana. Otras participan diariamente en la alimentación, el baño, el cambio de ropa, la administración de medicamentos, la limpieza del hogar, la preparación de comidas, el transporte o el manejo de asuntos financieros.

Pero uno de los datos del Departamento de Salud permite apreciar la intensidad que puede alcanzar esta responsabilidad: 40.4% de los cuidadores informales —aproximadamente 106,325 personas— dedicaba 40 horas o más por semana al cuidado de otra persona.

Además, 31.1% llevaba cinco años o más cuidando a otra persona.

No estamos hablando, por tanto, únicamente de una ayuda ocasional. Para una parte considerable de los cuidadores, se trata de una responsabilidad prolongada que ocupa una cantidad importante de tiempo cada semana.

Padres e hijos: una relación que cambia con los años

El estudio también permite saber a quién estaban cuidando muchas de estas personas.

Cerca de 120,191 cuidadores informales, equivalentes al 44.8%, informaron que cuidaban a su madre o a su padre.

La relación que durante décadas funcionó en una dirección comienza a cambiar.

Quienes recibieron cuidado de niños pueden encontrarse años después ayudando a sus padres a levantarse, conducirlos a una cita, controlar medicamentos o manejar decisiones que antes ellos tomaban de manera independiente.

No sucede de la misma forma en todas las familias. En algunos casos el cambio es gradual. En otros comienza después de una caída, una hospitalización, una enfermedad o una pérdida repentina de capacidad funcional.

El cuidador también trabaja

Cuidar a otra persona no elimina las demás obligaciones.

Según el Departamento de Salud, 58.5% de los cuidadores informales estaba empleado.

Esto significa que muchas personas combinan su jornada de trabajo con medicamentos, citas médicas, diligencias, compras, transportación y otras responsabilidades relacionadas con el cuidado.

Una investigación de AARP publicada el 26 de junio de 2026 encontró igualmente que muchos cuidadores familiares de Puerto Rico trabajaban a tiempo completo o parcial y enfrentaban dificultades económicas asociadas al cuidado. La investigación se realizó mediante 1,001 entrevistas telefónicas a votantes registrados de Puerto Rico de 30 años o más, entre el 19 de septiembre y el 22 de octubre de 2025.

Es importante hacer esa precisión: los resultados de AARP describen a esa población encuestada y no deben presentarse como si representaran automáticamente a todos los residentes de Puerto Rico.

Cuidar también tiene un costo

Los gastos relacionados con el cuidado no siempre aparecen identificados como tales en el presupuesto familiar.

Pueden incluir gasolina y transportación, medicamentos, alimentos especiales, artículos de higiene, modificaciones en el hogar, equipo, tener que ausentarse del trabajo, reducir horas laborales, utilizar días personales o de vacaciones, o tomar decisiones profesionales para poder continuar atendiendo a un familiar, además del pago ocasional de alguien que permita al cuidador atender otras responsabilidades.

El informe del Departamento de Salud encontró que 42.6% de los cuidadores informales reportó ingresos anuales inferiores a $20,000.

La cifra no significa que esos ingresos se utilizaran exclusivamente para cuidar ni permite calcular cuánto gastaba cada familia. Sí demuestra, sin embargo, que una proporción considerable de las personas que realizaban esta labor tenía recursos económicos limitados.

La encuesta de AARP también encontró preocupación por el efecto económico del cuidado y apoyo entre los entrevistados a medidas como servicios de relevo, mayor flexibilidad laboral, orientación y asistencia financiera para cuidadores.

Cuidar con amor también puede cansar

Hablar del cansancio del cuidador no significa cuestionar el cariño que siente por la persona a quien atiende.

Ambas cosas pueden coexistir.

Una persona puede cuidar por amor, compromiso o sentido de responsabilidad y, al mismo tiempo, experimentar agotamiento físico o emocional.

El Departamento de Salud encontró que 24.5% de los cuidadores informales clasificó su estado general de salud como regular o pobre. Además, 21.2% informó que su salud física no había sido buena durante por lo menos 14 de los 30 días anteriores, y 18.4% dijo lo mismo respecto a su salud mental.

Estas cifras deben interpretarse cuidadosamente.

El estudio describe la salud que los propios cuidadores reportaron. No demuestra que el cuidado haya causado esas condiciones. Otros factores —edad, enfermedades previas, situación económica, empleo y circunstancias personales— también pueden intervenir.

Esa distinción es importante para informar sin exagerar lo que los datos realmente permiten concluir.

Muchos cuidadores también están envejeciendo

Hay otro dato especialmente relevante para los lectores de 60+ Y Todavía….

El 24.7% de los cuidadores informales identificados por el Departamento de Salud tenía 60 años o más.

Es decir, aproximadamente uno de cada cuatro cuidadores de ese estudio pertenecía también a la población 60+.

Puede ser un esposo que cuida a su esposa, una mujer que atiende a su pareja, hermanos que se ayudan entre sí o padres mayores que continúan ocupándose de hijos adultos que necesitan asistencia.

Esta realidad plantea una segunda pregunta: ¿Qué ocurre cuando la persona que cuida también comienza a necesitar cuidado?

Ese será el tema de la Parte 2 de esta serie: “Cuando quien cuida también envejece”.

Una conversación que no debería comenzar durante una emergencia

Muchas familias hablan por primera vez sobre quién cuidará a una persona mayor después de una crisis: una caída, una hospitalización, un diagnóstico, la pérdida del permiso para conducir o una dificultad para manejar medicamentos o realizar actividades que antes eran rutinarias.

Pero algunas preguntas pueden plantearse antes.

¿Quién podría acompañar a esa persona a sus citas? ¿Quién conoce los medicamentos que utiliza? ¿Dónde están sus documentos importantes? ¿Qué familiares viven cerca? ¿Quién podría ayudar con la transportación? ¿Qué recursos económicos existen? ¿Qué ocurriría si la persona que actualmente cuida se enfermara?

No todas las familias tienen que resolver esas preguntas inmediatamente.

Pero comenzar a hablar de ellas antes de una emergencia puede evitar que todas las decisiones tengan que tomarse bajo presión.

Una responsabilidad familiar que también plantea preguntas para Puerto Rico

Los datos disponibles muestran que una parte significativa del cuidado de personas que necesitan ayuda ya ocurre dentro de las familias y comunidades puertorriqueñas.

Miles de personas están realizando esa labor sin que necesariamente las veamos.

Algunas dedican varias horas a la semana. Otras dedican 40 horas o más. Muchas trabajan. Algunas tienen ingresos limitados. Y aproximadamente una cuarta parte de los cuidadores identificados en el estudio del Departamento de Salud tenía 60 años o más.

Por eso la pregunta “¿Quién cuidará a nuestros mayores?” no puede limitarse exclusivamente a quién estará disponible para ayudar.

También debemos preguntarnos qué necesitarán esas personas para poder cuidar sin quedar solas con toda la responsabilidad.

Y eso nos conduce a las próximas partes de esta investigación:

Parte 2 — Cuando quien cuida también envejece

Parte 3 — ¿Quién cuida al cuidador?

Fuentes y referencias

(1) U.S. Census Bureau. Vintage 2025 Population Estimates — Puerto Rico Commonwealth Population by Characteristics: 2020–2025. Tabla PRC-EST2025-AGESEX.

https://www.census.gov/newsroom/press-kits/2026/vintage-2025-pop-estimates.html

(2) U.S. Census Bureau. QuickFacts: Puerto Rico. Estimado de población al 1 de julio de 2025 y proporción de personas de 65 años o más.

https://www.census.gov/quickfacts/fact/table/PR/AGE775218

(3) Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, State Data Center. Lanselotte Oliveras. Índice de vejez por Municipios y Puerto Rico: 2020 a 2025. 25 de junio de 2026.

https://censo.estadisticas.pr/node/556

(4) Departamento de Salud de Puerto Rico, Sección de Envejecimiento Saludable. Ana M. Román López, Jonathan X. Rodríguez y Fernando J. Mercado Ortiz. Perfil de Cuidadores Informales en Puerto Rico, 2022. Datos procedentes del BRFSS 2022.

https://www.salud.pr.gov/menuInst/download/2314

(5) AARP Research. Terri Guengerich. 2025 Puerto Rico Survey on Caregiving and Long-Term Care. Publicado el 26 de junio de 2026. 1,001 entrevistas telefónicas a votantes registrados de Puerto Rico de 30 años o más.

https://www.aarp.org/pri/topics/ltss/family-caregiving/puerto-rico-caregiving-survey/

Cuando quien cuida también envejece — Abrir o cerrar
PANORAMA 60+ · EDICIÓN 2

Cuando quien cuida también envejece

Segunda parte de nuestra serie sobre los cuidadores en Puerto Rico

Dos personas mayores sentadas juntas en un banco de un parque
Una pareja mayorVer fotografía original ↗
Fotografía ilustrativa: jhenning / Pixabay. Ver fuente original.

Miles de personas mayores no solamente reciben cuidado. Muchas continúan cuidando a sus parejas, nietos y familiares mientras enfrentan también los cambios de su propia edad.

En la primera parte de esta serie vimos que aproximadamente una de cada cuatro personas identificadas como cuidador informal en el estudio más reciente del Departamento de Salud de Puerto Rico tenía 60 años o más.

El dato exacto es 24.7%.

Esa cifra obliga a mirar el envejecimiento desde otra perspectiva. Cuando hablamos de personas mayores y cuidado, con frecuencia imaginamos a alguien que necesita asistencia. Pero miles de personas que ya han llegado a los 60, 70 o incluso más años continúan siendo quienes ayudan a otra persona.

Algunas cuidan a su esposo o esposa. Otras ayudan a hermanos. Hay abuelos que han asumido responsabilidades importantes en la crianza de sus nietos. Y existen padres que han cuidado durante décadas a un hijo o hija con una discapacidad y que continúan haciéndolo mientras ellos mismos envejecen.

Por eso, una pregunta comienza a adquirir cada vez mayor importancia:

¿Qué ocurre cuando la persona que cuida también empieza a necesitar ayuda?

Cuidar a la pareja mientras ambos envejecen

El cuidado entre esposos o parejas puede comenzar lentamente.

Uno comienza a conducir porque al otro se le hace más difícil. Se encarga de las compras. Recuerda las citas médicas. Organiza los medicamentos. Ayuda a levantarse de una silla o acompaña al baño.

En otros casos, el cambio puede ocurrir repentinamente después de una enfermedad, una caída, una operación o una hospitalización.

El Departamento de Salud de Puerto Rico no publica en su informe de 2022 una tabla que permita determinar cuántos cuidadores de 60 años o más estaban atendiendo específicamente a su esposo o esposa. Por eso no debemos inventar esa cifra ni asumir que conocemos su magnitud exacta.

Lo que sí sabemos es que 24.7% de todos los cuidadores informales identificados en el estudio tenía 60 años o más.

Ese dato basta para señalar una realidad importante: una parte significativa de quienes brindan cuidado en Puerto Rico también pertenece a la población que nuestra revista identifica como 60+.

Y cuidar a otra persona a esa edad puede coincidir con cambios propios: enfermedades crónicas, menor fuerza física, nuevas citas médicas, medicamentos, limitaciones de movilidad o simplemente la necesidad de descansar más.

Eso no significa que una persona mayor no pueda ser un excelente cuidador. Significa que su propia salud también debe formar parte de la conversación.

Cuando la jubilación no significa dejar de cuidar

La idea tradicional de la jubilación suele asociarse con disponer de más tiempo.

Pero para algunas personas, ese tiempo termina dedicado en gran medida al cuidado de otra persona.

Puede ser una esposa que se ocupa de su esposo durante varios años. Un hombre que acompaña diariamente a su pareja con problemas de movilidad. Una hermana mayor que comienza a atender a otro hermano. O una persona que, después de haber criado hijos y trabajado durante décadas, asume nuevas responsabilidades familiares.

El cuidado puede ser una expresión profunda de compromiso familiar.

Pero también puede requerir reorganizar horarios, actividades sociales, viajes, descanso y otros planes que esa persona había imaginado para esa etapa de su vida.

Por eso hablar de cuidadores mayores no debe hacerse únicamente desde la dificultad.

Muchas personas encuentran satisfacción en poder acompañar a alguien que aman. El problema aparece cuando se supone que, porque existe cariño, el cuidador puede hacerlo todo sin ayuda.

Abuelos que también asumen responsabilidades de crianza

Existe otra forma de cuidado que merece atención especial: los abuelos que viven con sus nietos y que, en algunos casos, son responsables de sus necesidades.

La Encuesta sobre la Comunidad de Puerto Rico estimó para el periodo 2019-2023 que aproximadamente 68,593 abuelos vivían con nietos menores de 18 años.

De ellos, aproximadamente 22,969 —el 33.5%— eran responsables de sus nietos. Los datos fueron recopilados por el U.S. Census Bureau y aparecen también en el Informe Económico de la Junta de Planificación de Puerto Rico.

Ser responsable de un nieto puede significar mucho más que ayudar ocasionalmente.

El Census Bureau utiliza esta categoría para identificar abuelos que viven con sus nietos y que tienen responsabilidad por sus necesidades básicas. La situación de cada familia puede ser muy diferente, pero detrás de esas estadísticas hay hogares en los que una generación que ya envejece continúa desempeñando funciones importantes de crianza y sostenimiento.

El dato tampoco significa que todos esos abuelos tengan 60 años o más. No debemos confundir “abuelo” con “persona mayor”. Algunos pueden ser relativamente jóvenes.

Pero la propia Encuesta sobre la Comunidad dispone de tablas específicas que distinguen a los abuelos responsables por edad, incluyendo el grupo de 60 años o más.

Eso confirma que la intersección entre envejecimiento y responsabilidad por los nietos es una realidad que merece estudiarse por separado.

Padres que llevan décadas cuidando

Hay una tercera situación que puede pasar mucho más inadvertida.

Algunas personas no comenzaron a cuidar durante la vejez.

Llevan toda una vida haciéndolo.

Son madres y padres de hijos con discapacidades intelectuales, del desarrollo u otras condiciones que han requerido apoyo desde la niñez y que pueden continuar necesitándolo durante la adultez.

Cuando esos padres llegan a los 60, 70 u 80 años, surge una doble preocupación.

No solamente deben pensar en sus propias necesidades futuras.

También se preguntan:

¿Quién cuidará a mi hijo cuando yo ya no pueda hacerlo?

Aquí debemos ser especialmente cuidadosos con los datos de Puerto Rico.

El informe Perfil de Cuidadores Informales en Puerto Rico, 2022 excluyó de ciertos análisis a quienes dijeron cuidar a un hijo o nieto, porque la encuesta no permitía determinar si esas personas cuidadas eran menores o adultas. El propio Departamento de Salud lo explica en las notas metodológicas del informe.

Eso significa que las estadísticas de la Parte 1 no nos permiten calcular cuántos padres mayores en Puerto Rico están cuidando actualmente a hijos adultos con discapacidades.

Y esta limitación es importante.

La ausencia de una cifra no significa que esas familias no existan. Significa que los datos disponibles no permiten medirlas adecuadamente con esa encuesta.

Una responsabilidad que puede durar décadas

La investigación realizada fuera de Puerto Rico ayuda a comprender por qué este grupo merece atención.

Estudios sobre familias de personas con discapacidades intelectuales y del desarrollo han documentado situaciones en las que padres mayores continúan siendo los principales apoyos de hijos adultos durante décadas. Una revisión publicada a partir de trabajos preparados para el National Institutes of Health destacó que, entre personas con discapacidades intelectuales y del desarrollo que vivían con familiares, una proporción importante residía con cuidadores que ya habían alcanzado los 60 años.

Esos datos corresponden a investigaciones estadounidenses y no deben utilizarse como si describieran específicamente a Puerto Rico.

Pero ayudan a explicar una realidad que también necesitamos investigar localmente: el envejecimiento simultáneo de la persona que necesita apoyo y del familiar que lo ha proporcionado durante muchos años.

En la literatura incluso se utiliza el concepto de “cuidado compuesto” para describir situaciones en las que una persona que lleva años cuidando a un hijo adulto con discapacidad comienza además a cuidar a un esposo, padre u otro familiar envejecido.

Cuando las fuerzas ya no son las mismas

El envejecimiento no ocurre de un día para otro.

Una persona puede continuar conduciendo, haciendo compras, preparando comidas y acompañando a citas durante muchos años.

Pero determinadas tareas pueden hacerse más difíciles.

Ayudar físicamente a otra persona a levantarse. Mover una silla de ruedas. Levantar equipo. Pasar noches sin dormir. Conducir largas distancias. Subir escaleras. O simplemente mantener durante años una rutina que exige estar pendiente de otra persona todos los días.

El reto no consiste solamente en preguntarnos si el cuidador quiere continuar.

También debemos preguntarnos si puede continuar de forma segura y qué ocurrirá cuando ya no pueda hacerlo de la misma manera.

El problema de esperar demasiado para hablar del futuro

En algunas familias existe una conversación que se pospone durante años.

Mientras el cuidador pueda seguir haciendo las cosas, nadie quiere pensar en lo que ocurrirá después.

Pero cuando el cuidador también envejece, esa conversación adquiere urgencia.

¿Quién conoce la rutina de la persona cuidada? ¿Existe otro familiar que pueda asumir parte de las responsabilidades? ¿Hay documentos legales que deban organizarse? ¿Quién conoce los médicos, medicamentos y necesidades especiales? ¿Qué ocurriría si el cuidador fuera hospitalizado mañana? ¿Existe un plan para una emergencia? ¿Y existe un plan para dentro de cinco o diez años?

Estas preguntas son especialmente importantes cuando el cuidado ha dependido durante décadas de una sola persona.

No se trata de quitar independencia

Planificar no significa necesariamente reemplazar al cuidador.

Tampoco significa decidir que una persona mayor ya no puede cuidar simplemente por su edad.

Dos personas de 70 años pueden tener capacidades completamente diferentes.

La edad por sí sola no determina quién puede o no puede cuidar.

El objetivo es otro: reconocer que la situación del cuidador también cambia y que la familia necesita poder adaptarse antes de llegar a una crisis.

En algunos casos bastará con distribuir ciertas tareas entre varias personas.

En otros habrá que buscar servicios comunitarios.

Puede ser necesario organizar transportación, asistencia en el hogar, relevo temporal o ayuda profesional para determinadas actividades.

Pero esas alternativas serán mucho más difíciles de organizar si nadie comienza a hablar de ellas hasta que el cuidador principal ya no puede continuar.

Dos personas que necesitan ser vistas

Durante mucho tiempo hemos hablado del cuidado concentrándonos casi exclusivamente en la persona que lo recibe.

Es comprensible.

Es quien está enfermo, tiene una discapacidad o necesita ayuda para realizar actividades cotidianas.

Pero cuando quien cuida también envejece, debemos mirar a dos personas.

A quien necesita cuidado.

Y a quien lo proporciona.

Ambas tienen necesidades.

Ambas tienen límites.

Ambas tienen derecho a conservar la mayor independencia posible.

Y ambas necesitan formar parte de las decisiones sobre lo que ocurrirá en el futuro.

En Puerto Rico, donde aproximadamente una de cada tres personas tiene 60 años o más, esa conversación será cada vez más frecuente.

La pregunta ya no es solamente quién cuidará a nuestros mayores.

También debemos preguntarnos:

¿Quién estará pendiente de quienes continúan cuidando mientras ellos mismos envejecen?

Esa pregunta nos lleva directamente a la última parte de esta serie:

Parte 3 — ¿Quién cuida al cuidador?

Fuentes y referencias

(1) Departamento de Salud de Puerto Rico, Sección de Envejecimiento Saludable. Ana M. Román López, Jonathan X. Rodríguez y Fernando J. Mercado Ortiz. Perfil de Cuidadores Informales en Puerto Rico, 2022. Publicado en 2026. Datos del Behavioral Risk Factor Surveillance System (BRFSS) 2022. El informe identifica que 24.7% de los cuidadores informales tenía 60 años o más y explica sus exclusiones metodológicas.

https://www.salud.pr.gov/menuInst/download/2314

(2) U.S. Census Bureau. Encuesta sobre la Comunidad de Puerto Rico, estimados 2019-2023. Información sobre abuelos que viven con nietos menores de 18 años y responsabilidad por ellos. El Census Bureau informó que el porcentaje de abuelos corresidentes responsables de sus nietos fue 33.5% durante 2019-2023.

https://www.census.gov/library/stories/2025/05/puerto-rico-community-survey-spanish.html

(3) Junta de Planificación de Puerto Rico. Informe Económico 2024. Utilizando los estimados 2019-2023 de la Encuesta sobre la Comunidad de Puerto Rico, informa 68,593 abuelos viviendo con nietos menores de 18 años y 22,969 responsables de ellos.

https://www.senado.pr.gov/document_vault/agency_reports/2852/document/JP%20-%20Informe%20Econ%C3%B3mico_2024%20-%20Ley%2075-19750624.pdf

(4) U.S. Census Bureau. Population 60 Years and Over in Puerto Rico y tabla S1002, Grandparents. Las tablas oficiales distinguen la responsabilidad sobre nietos según grupos de edad, incluyendo personas de 60 años o más.

https://api.census.gov/data/2024/acs/acs1/subject/variables.html

(5) Heller, Tamar y colaboradores. Caregiving, intellectual disability, and dementia: Report of the Summit Workgroup on Caregiving and Intellectual and Developmental Disabilities. Los datos citados corresponden al ámbito estadounidense y no se presentan como estimaciones de Puerto Rico.

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6078103/

¿Quién cuida al cuidador? — Abrir o cerrar
PANORAMA 60+ · EDICIÓN 2

¿Quién cuida al cuidador?

Tercera parte de nuestra serie sobre los cuidadores en Puerto Rico

Mujer mayor y mujer adulta leyendo un álbum o libro juntas en casa; fotografía ilustrativa
Acompañamiento en familiaVer fotografía original ↗
Fotografía ilustrativa: cottonbro studio / Pexels. Ver fuente original.

Cuando una persona se convierte en el centro de todo el cuidado familiar, la pregunta no es solamente cuánto puede hacer, sino cuánto tiempo puede sostener esa responsabilidad sin que el resto de su vida quede relegado.

En las primeras dos partes de esta serie examinamos quiénes están cuidando en Puerto Rico, cuánto tiempo puede ocupar esa responsabilidad y qué ocurre cuando quien cuida también envejece. Esta tercera parte parte de esas conclusiones, pero plantea un asunto diferente: cómo evitar que toda la estructura de cuidado de una familia termine dependiendo casi exclusivamente de una sola persona.

En muchos hogares existe un cuidador principal porque vive más cerca, dispone de mayor flexibilidad, conoce mejor las necesidades de la persona atendida o, simplemente, porque fue quien comenzó a encargarse de las cosas cuando surgió la primera necesidad. Con el tiempo puede convertirse no solo en quien acompaña, transporta o ayuda físicamente, sino también en quien recuerda las citas, conoce los medicamentos, recibe llamadas, organiza documentos, coordina a otros familiares y decide qué asunto debe resolverse primero.

Esa función de coordinación no siempre es visible, pero puede convertirse en una parte considerable del cuidado.

El cuidador principal también termina coordinando

Una investigación publicada en JAMA Network Open en 2025 analizó la experiencia de 2,811 familiares y cuidadores no remunerados de adultos mayores de 65 años con discapacidades que vivían en sus comunidades en Estados Unidos. El estudio encontró que la gran mayoría participaba en redes de cuidado que incluían médicos, otros familiares o cuidadores remunerados, y que el 62.8% tenía que coordinarse con otros cuidadores familiares. Estos resultados corresponden a Estados Unidos y no deben interpretarse como estadísticas de Puerto Rico, pero ayudan a mostrar que cuidar puede involucrar una tarea adicional que a menudo pasa inadvertida: coordinar a las demás personas que participan en el cuidado.

Esto significa que tener varios familiares dispuestos a colaborar no garantiza, por sí solo, que la responsabilidad esté realmente compartida. Si una sola persona continúa teniendo que recordar lo que hace falta, llamar a cada familiar, explicar la tarea, coordinar horarios y comprobar después que todo se resolvió, una parte importante del trabajo continúa recayendo sobre ella.

Por eso, compartir el cuidado requiere algo más que estar disponible cuando surge una emergencia. Requiere que determinadas responsabilidades puedan pasar de forma estable a otras personas.

Ayudar ocasionalmente no es lo mismo que asumir una responsabilidad

Una familia puede tener varios miembros que genuinamente desean colaborar y, aun así, terminar dependiendo excesivamente del cuidador principal. Parte del problema aparece cuando la ayuda se ofrece solamente en términos generales: “Llámame si necesitas algo” o “Avísame cuando haga falta”.

La intención puede ser excelente, pero esas expresiones dejan nuevamente en manos del cuidador la responsabilidad de detectar la necesidad, decidir quién puede resolverla, comunicarse con esa persona y coordinar lo que debe hacerse.

Una distribución más efectiva puede comenzar con responsabilidades concretas. Un familiar puede encargarse regularmente de determinadas compras; otro, de ciertas citas; alguien puede ocuparse de documentos o llamadas; otra persona puede comprometerse con un día o unas horas determinadas de acompañamiento. La distribución no tiene que ser idéntica para todos, porque tampoco son iguales los horarios, la distancia, el trabajo o las capacidades de cada miembro de la familia.

Lo importante es que algunas tareas dejen de depender siempre de la iniciativa del cuidador principal.

Compartir no significa dividir todo en partes iguales

En las familias reales rara vez es posible repartir el cuidado exactamente por igual. Un hijo puede vivir cerca y otro fuera de Puerto Rico; uno puede disponer de un horario flexible mientras otro trabaja en condiciones que hacen difícil ausentarse; algunos familiares pueden sentirse cómodos acompañando a una cita médica y otros pueden contribuir mejor ocupándose de asuntos administrativos.

La pregunta útil, por tanto, no es necesariamente “¿Estamos haciendo todos exactamente lo mismo?”, sino “¿Cada persona que puede contribuir tiene alguna responsabilidad concreta y sostenible?”

La distancia tampoco excluye toda participación. Un familiar que vive fuera puede encargarse de llamadas, documentación, determinadas gestiones electrónicas, coordinación de citas o comunicación con otros miembros de la familia, siempre que exista autorización para manejar la información correspondiente.

Una familia bien organizada puede aprovechar las posibilidades reales de cada persona sin convertir la participación en una competencia sobre quién hace más.

El cuidador también tiene una vida que atender

Existe, sin embargo, otro aspecto que merece atención especial. Convertirse en cuidador no elimina las demás responsabilidades de una persona. Quien atiende a un padre, una madre, un cónyuge u otro familiar puede tener simultáneamente hijos que necesitan su atención, una pareja, un empleo, responsabilidades domésticas, obligaciones económicas y citas médicas propias.

Cuando el cuidado comienza a ocupar cada vez más tiempo, esas otras áreas de la vida pueden ir desplazándose gradualmente, no necesariamente porque el cuidador quiera abandonarlas, sino porque las necesidades de la persona atendida parecen siempre más urgentes.

En la Parte 1 vimos que el 40.4% de los cuidadores identificados en el estudio del Departamento de Salud dedicaba 40 horas o más por semana al cuidado, y también examinamos indicadores relacionados con su salud física y emocional. No repetimos aquí esos datos como una nueva conclusión; sirven para recordar que, en algunos hogares, el cuidado puede ocupar una porción considerable de la semana.

El problema aparece cuando esa situación deja de ser temporal y se convierte en la organización permanente de la vida. Un cuidador que durante meses o años apenas dispone de tiempo para atender su propia salud, compartir con su pareja o sus hijos, reunirse con amistades, participar en actividades o simplemente descansar puede terminar sin espacios reales en los que deje de estar pendiente de otra persona.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos reconocen que el cuidado no remunerado puede producir tensión física, emocional y psicológica, y señalan que los cuidadores con frecuencia descuidan sus propias necesidades de salud. El CDC recomienda que existan descansos consistentes de las responsabilidades de cuidado y tiempo para mantener las propias actividades y relaciones.

Por eso, compartir el cuidado no debería significar únicamente buscar sustitución cuando el cuidador tiene una emergencia. También puede significar organizar periódicamente horas o días en los que otra persona asuma la responsabilidad para que el cuidador pueda atender su vida personal, descansar, acudir a una cita médica, participar en una actividad o simplemente disponer de tiempo durante el cual no tenga que estar pendiente de nadie.

Ese tiempo no debe interpretarse como abandono de la persona cuidada. Por el contrario, forma parte de una organización del cuidado que pueda mantenerse durante meses o años sin exigir que una persona renuncie progresivamente a casi todos los demás aspectos de su vida.

La información tampoco debería depender de una sola persona

Cuando la responsabilidad se concentra, puede ocurrir que una sola persona no solamente realice muchas tareas, sino que además sea la única que conoce la información necesaria para que todo funcione.

Sabe quiénes son los médicos, cuándo hay que renovar una receta, qué medicamentos se toman, qué familiar puede ayudar determinado día, cuál es la rutina habitual o qué número debe llamarse cuando aparece un problema.

Ese conocimiento puede parecer cotidiano para quien lo maneja todos los días, pero puede convertirse en un obstáculo importante cuando otra persona necesita intervenir.

Compartir el cuidado significa también compartir, entre las personas debidamente autorizadas, la información necesaria para cumplir las responsabilidades que cada una ha asumido. No se trata de distribuir indiscriminadamente información médica o privada, sino de evitar que el funcionamiento completo del cuidado dependa de lo que una sola persona recuerda.

El CDC recomienda precisamente mantener planes de cuidado con información esencial sobre condiciones de salud, tratamientos, necesidades y contactos, tanto para organizar las responsabilidades como para facilitar la continuidad cuando cambia la persona que está ayudando.

La persona cuidada también debe participar

Existe otro elemento que no debe perderse cuando una familia intenta organizarse mejor: la persona que recibe la ayuda.

Siempre que conserve la capacidad para participar en sus decisiones, sus preferencias deben formar parte de la conversación. Puede querer decidir quién conoce determinada información, quién la acompaña a ciertas citas, qué tareas desea continuar realizando sola o qué tipo de ayuda está dispuesta a aceptar.

Organizar el cuidado no significa organizar la vida de una persona sin contar con ella.

Una distribución eficiente de responsabilidades debe respetar, hasta donde sea posible, la independencia, privacidad y preferencias de quien recibe la asistencia.

Las responsabilidades familiares cambian con el tiempo

La organización que funciona hoy puede no funcionar dentro de un año. Las necesidades de la persona cuidada pueden aumentar o disminuir, y también pueden cambiar las circunstancias de quienes colaboran. Alguien puede jubilarse, cambiar de trabajo, enfermarse, mudarse o asumir nuevas responsabilidades familiares.

Por eso puede ser útil revisar periódicamente quién está haciendo qué.

Esa conversación permite detectar una situación que puede desarrollarse lentamente: que el cuidador principal haya ido acumulando responsabilidades adicionales sin que el resto de la familia tenga una idea clara de cuánto está haciendo.

No necesariamente ocurre porque alguien haya decidido dejarle todo. A veces cada nueva necesidad se resuelve de manera improvisada y, cuando se mira el conjunto varios años después, casi todas las tareas terminaron concentradas en la misma persona.

Hablar de tareas puede ser más útil que discutir quién se sacrifica más

Las conversaciones familiares sobre cuidado pueden volverse difíciles cuando comienzan comparando esfuerzos. Un hermano puede sentir que hace más; otro puede considerar que sus propias responsabilidades no se toman en cuenta; alguien puede creer que su ayuda nunca se reconoce.

Una alternativa más práctica consiste en hacer visible el conjunto de tareas antes de hablar de quién debería realizarlas.

Transportación, citas, compras, alimentos, medicamentos, documentos, llamadas, acompañamiento, gestiones y tiempo de supervisión forman parte de una misma estructura. Cuando esas responsabilidades se colocan claramente sobre la mesa, resulta más sencillo determinar cuáles están demasiado concentradas y cuáles puede asumir otra persona.

No todas las familias conseguirán una distribución ideal. Algunas cuentan con pocos familiares disponibles, enfrentan relaciones difíciles o viven circunstancias que limitan considerablemente sus alternativas. El propósito no es sugerir que existe una fórmula sencilla, sino evitar que la distribución del cuidado permanezca invisible hasta que el cuidador principal ya no pueda sostenerla.

El cuidador principal no tiene que ser el cuidador único

La pregunta que da título a esta tercera parte —“¿Quién cuida al cuidador?”— puede hacer pensar inicialmente en quién estará pendiente de su salud o quién lo ayudará cuando esté cansado. Pero después de examinar cómo funciona el cuidado dentro de una familia, la pregunta adquiere un significado más amplio.

Cuidar al cuidador también significa evitar que tenga que resolverlo todo.

Significa reconocer que tiene responsabilidades propias, relaciones personales, necesidades de salud y derecho a disponer de tiempo que no esté permanentemente condicionado por las necesidades de otra persona. Significa que otros familiares pueden asumir responsabilidades concretas sin esperar siempre a que se les pida ayuda y que la información necesaria para mantener el cuidado no debe estar concentrada exclusivamente en una persona.

Una familia puede continuar teniendo un cuidador principal. En muchas situaciones eso será inevitable y hasta conveniente. Lo que puede cambiar es la idea de que ser el cuidador principal equivale a estar disponible todo el tiempo y responsabilizarse de cada asunto.

Después de tres partes dedicadas a esta realidad, quizás esa sea una de las conclusiones más importantes de nuestra investigación: el cuidado puede comenzar con una persona, pero no debería depender indefinidamente de que esa persona pueda hacerlo todo sola.

Fuentes y referencias

(1) Departamento de Salud de Puerto Rico, Sección de Envejecimiento Saludable. Ana M. Román López, Jonathan X. Rodríguez y Fernando J. Mercado Ortiz. Perfil de Cuidadores Informales en Puerto Rico, 2022. Publicado en 2026. Datos procedentes del Behavioral Risk Factor Surveillance System (BRFSS) 2022.

https://www.salud.pr.gov/menuInst/download/2314

(2) Wolff, Jennifer L.; Fabius, Chanee D.; Wu, M. J.; Freedman, Vicki A. Family Caregiver Experiences Coordinating Care of Older Adults. JAMA Network Open, 2025; 8(11):e2544315. Estudio de 2,811 familiares y cuidadores no remunerados de adultos de 65 años o más con discapacidades en Estados Unidos. Estos resultados no se presentan como estimaciones de Puerto Rico.

https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2841639

(3) Centers for Disease Control and Prevention. Dementia Caregiving as a Public Health Strategy y Healthy Habits: Caring for Yourself When Caring for Another. Información sobre la salud del cuidador, la importancia de mantener necesidades personales y descansos regulares del cuidado.

https://www.cdc.gov/caregiving/php/public-health-strategy/

(4) Centers for Disease Control and Prevention. Steps for Creating and Maintaining a Care Plan. Orientaciones sobre organización y transferencia de información cuando participan distintos cuidadores.

https://www.cdc.gov/caregiving/guidelines/index.html

Envejecer con ingresos limitados — Abrir o cerrar
PANORAMA 60+ · EDICIÓN 2

Envejecer con ingresos limitados

La realidad económica de nuestros mayores

Pareja mayor revisando documentos en una mesa de casa; imagen ilustrativa
Organizando el presupuestoVer fotografía original ↗
Fotografía ilustrativa: Kampus Production / Pexels. Ver fuente original.

Para muchas personas, llegar a la jubilación significa aprender a administrar un ingreso menor durante una etapa de la vida en la que siguen existiendo gastos de vivienda, alimentación, transportación y salud. Las estadísticas de Puerto Rico muestran que esa realidad alcanza a una parte importante de la población mayor.

En diciembre de 2025, 537,482 trabajadores jubilados recibían beneficios del Seguro Social en Puerto Rico. El beneficio mensual promedio era de $1,315.26, pero la mediana —una medida que permite observar mejor dónde se encuentra el centro de la distribución— era de $1,191.90 mensuales. Esto significa que la mitad de esos trabajadores jubilados recibía menos de aproximadamente $1,192 mensuales de Seguro Social y la otra mitad recibía una cantidad mayor.

Ese dato no significa que todos esos jubilados vivieran solamente con esa cantidad. Una persona puede recibir además una pensión de retiro, ingresos de su cónyuge, ahorros, inversiones, ingresos por trabajo u otras fuentes. Tampoco significa que todos los adultos mayores sean beneficiarios jubilados del Seguro Social. Sin embargo, la cifra permite comenzar a comprender la importancia que ese beneficio tiene dentro de la economía de muchos hogares puertorriqueños.

La Administración del Seguro Social registró un total de 851,795 beneficiarios de sus distintos programas en Puerto Rico en diciembre de 2025. Ese número incluye, además de trabajadores jubilados, personas con beneficios por incapacidad, viudos y viudas, cónyuges e hijos beneficiarios.

El promedio no cuenta toda la historia

Cuando se habla del Seguro Social suele citarse el beneficio promedio, pero la distribución de los pagos permite observar una realidad más diversa. Entre los trabajadores jubilados de Puerto Rico, el 11.5% recibía menos de $600 mensuales en diciembre de 2025; otro 14.8% recibía entre $600 y $899.90; y un 24.3% se encontraba entre $900 y $1,199.90. En conjunto, esos tres grupos representaban 50.6% de los trabajadores jubilados beneficiarios, lo que confirma que más de la mitad recibía menos de $1,200 mensuales por ese beneficio.

Por eso es importante no imaginar al jubilado puertorriqueño como una sola categoría económica. Dos personas de la misma edad pueden encontrarse en circunstancias completamente distintas dependiendo de sus años de trabajo, historial de ingresos, pensiones, vivienda, ahorros, composición del hogar y otras fuentes económicas.

También debemos distinguir entre beneficio mensual de Seguro Social e ingreso total. Utilizar ambas expresiones como si significaran lo mismo conduciría a una conclusión equivocada. El Seguro Social puede ser una fuente importante de ingresos sin ser necesariamente la única.

Una población 60+ con realidades económicas muy diferentes

El Perfil Sociodemográfico de la Población de Adultos Mayores 2025, publicado por la Oficina del Procurador de las Personas de Edad Avanzada y basado en estimados de cinco años de la Encuesta sobre la Comunidad de 2023, ofrece otra perspectiva. Según ese informe, 39.2% de las personas de 60 años o más en Puerto Rico vivía por debajo del umbral oficial de pobreza.

Esta cifra corresponde a 2023 y debe identificarse como tal. Tampoco significa que el restante 60.8% viviera necesariamente con holgura económica. La clasificación oficial de pobreza establece un umbral estadístico, pero estar por encima de ese nivel no indica por sí solo cuánto dinero queda disponible después de pagar los gastos habituales de un hogar.

Esa distinción es particularmente importante en un reportaje sobre personas mayores. Una persona puede encontrarse por encima del umbral oficial de pobreza y, sin embargo, administrar un presupuesto con poco margen para absorber un aumento en alimentos, una reparación del automóvil, un problema en la vivienda o un gasto de salud no previsto.

El Seguro Social tiene un peso considerable

Los datos de la Encuesta sobre la Comunidad correspondientes a 2023 también muestran la importancia de distintas fuentes económicas entre las personas de 60 años o más. El perfil publicado por OPPEA señala que 80.7% recibía ingresos del Seguro Social, 47.2% del Programa de Asistencia Nutricional y 30.5% de pensiones de retiro.

Estas categorías no son excluyentes. Una misma persona puede aparecer en más de una de ellas, por lo que los porcentajes no deben sumarse. Lo que revelan es que la economía de la población mayor puede depender de una combinación de fuentes y que, para una proporción importante, el Seguro Social ocupa un lugar central.

También muestran que no todos llegan a los 60 o 65 años con una pensión de retiro. Según esos datos, menos de una tercera parte de la población 60+ aparecía recibiendo ese tipo de ingreso en 2023.

Cumplir 60 o 65 años no significa necesariamente dejar de trabajar

La imagen tradicional de la vejez suele asociarse inmediatamente con la jubilación, pero la realidad es más compleja. Según la Encuesta sobre la Comunidad de 2023 utilizada por OPPEA, 12.7% de la población de 60 años o más pertenecía a la fuerza laboral, mientras que 87.3% estaba fuera de ella.

Aquí también debemos ser precisos. Pertenecer a la fuerza laboral no significa necesariamente estar empleado; la definición incluye a quienes están trabajando y a quienes buscan activamente empleo. Tampoco podemos concluir a partir de ese porcentaje por qué una persona continúa trabajando. Algunas pueden hacerlo por necesidad económica, otras porque desean mantenerse activas profesionalmente y otras por una combinación de razones.

Por eso sería incorrecto afirmar que las personas mayores continúan trabajando únicamente porque sus ingresos son insuficientes. Los datos disponibles nos permiten decir que una parte de la población 60+ sigue vinculada a la fuerza laboral; no nos permiten atribuir una sola motivación a todas esas personas.

Vivir solo cambia la estructura económica del hogar

La Encuesta sobre la Comunidad de 2024 ofrece otro dato que merece atención. Puerto Rico tenía aproximadamente 623,386 hogares cuyo jefe o jefa tenía 60 años o más y, dentro de ese grupo, 42.9% correspondía a hogares donde esa persona vivía sola.

La cifra requiere una aclaración importante: no significa que 42.9% de todas las personas de 60 años o más en Puerto Rico viva sola. El porcentaje se refiere específicamente a hogares encabezados por una persona de 60+.

Aun con esa precisión, el dato abre una dimensión económica importante. En un hogar de una sola persona no existe otro integrante con quien necesariamente compartir determinados gastos. La electricidad, el mantenimiento de la vivienda, la transportación, las comunicaciones y muchas otras obligaciones continúan existiendo aunque haya solamente una persona en el hogar.

Eso tampoco significa automáticamente que quien vive solo tenga dificultades económicas. Una persona sola puede contar con ingresos y recursos suficientes. El punto es que la estructura del hogar forma parte de la realidad económica y debe considerarse junto con los ingresos.

Los gastos no se detienen cuando llega la jubilación

Llegar a la edad de retiro no elimina los gastos cotidianos. Continúan los alimentos, la vivienda, la electricidad, el agua, la transportación, los seguros, el mantenimiento del hogar y los gastos relacionados con la salud.

Los datos del Índice de Precios al Consumidor de Puerto Rico ayudan a mostrar cómo algunos de esos costos continúan cambiando. En marzo de 2026, el índice general de precios era 2.5% mayor que en marzo de 2025. En ese mismo periodo, alimentos y bebidas habían aumentado 1.8% y alojamiento 1.9%.

Mirando un periodo más amplio, el Informe Económico de Puerto Rico de 2025 señala que desde el comienzo de las alzas continuas de precios en enero de 2021 hasta el periodo analizado en el informe, el índice general había aumentado 17.1%, mientras que alimentos y bebidas acumulaban un aumento de 27.8%.

Estas cifras no significan que todos los artículos hayan aumentado en la misma proporción ni que todas las personas mayores experimenten exactamente el mismo impacto. El patrón de consumo de cada hogar es diferente. Sí permiten documentar que algunos gastos esenciales han aumentado durante los últimos años, mientras muchas personas jubiladas administran presupuestos que dependen en buena medida de ingresos mensuales relativamente predecibles.

El verdadero problema puede aparecer cuando surge un gasto inesperado

Las estadísticas de pobreza permiten identificar a quienes se encuentran por debajo de un umbral económico establecido. Los datos del Seguro Social permiten conocer cuánto reciben determinados beneficiarios. Las cifras de inflación muestran cómo cambian los precios. Ninguno de esos indicadores, por separado, nos dice exactamente cuánto margen tiene una persona al final de cada mes.

Ahí puede encontrarse una de las diferencias más importantes entre tener ingresos y tener seguridad económica. Una persona puede pagar regularmente sus alimentos, vivienda, electricidad y transportación, pero disponer de poco espacio en su presupuesto para afrontar un gasto inesperado. Una reparación importante del hogar, una avería del automóvil, la sustitución de un electrodoméstico o determinados gastos relacionados con la salud pueden alterar rápidamente un presupuesto que funcionaba mientras todo se mantenía dentro de lo previsto.

No disponemos de un dato específico de Puerto Rico que permita calcular cuántas personas mayores se encuentran exactamente en esa situación. Por eso no sería responsable asignarle una cifra. Pero sí podemos distinguir conceptualmente entre estar por encima del umbral oficial de pobreza y tener suficiente margen económico para absorber gastos inesperados.

Ser propietario tampoco significa vivir sin gastos

Una vivienda pagada puede representar una ventaja económica importante durante la jubilación, pero tampoco significa vivir sin costos. Aunque no exista una hipoteca, permanecen gastos de mantenimiento, reparaciones, seguros, contribuciones cuando correspondan, servicios públicos y las adaptaciones que una vivienda pueda necesitar con el paso de los años.

De la misma manera, una persona que alquila enfrenta una estructura económica diferente y puede estar expuesta a cambios en su renta.

Por eso sería simplista medir la situación económica de nuestros mayores únicamente por la cantidad de ingreso mensual. El lugar donde vive, si tiene o no deuda, con quién comparte el hogar, su estado de salud y las obligaciones familiares que mantiene pueden modificar considerablemente lo que esa misma cantidad de dinero representa.

La pobreza no es la única medida de vulnerabilidad económica

El dato de que 39.2% de las personas de 60 años o más se encontraba bajo el nivel oficial de pobreza en los estimados de 2023 es suficientemente importante por sí mismo. Pero este reportaje también obliga a mirar a quienes están por encima de esa línea.

Existe una zona económica que las estadísticas de pobreza no describen completamente: personas que pueden cubrir sus necesidades ordinarias, pero para quienes una sucesión de gastos inesperados, un cambio en la composición del hogar o el aumento sostenido de algunos costos puede reducir rápidamente el margen disponible.

No debemos llamar pobres a esas personas si las estadísticas no las clasifican de esa manera. Tampoco debemos suponer que viven en precariedad. Lo que sí podemos reconocer es que estar por encima del nivel oficial de pobreza no equivale necesariamente a tener seguridad económica.

Envejecer también requiere hablar de dinero

Puerto Rico está envejeciendo, como documentamos en la primera edición de 60+ Y Todavía… y nuevamente al comenzar esta segunda edición. En nuestro reportaje demográfico utilizamos los estimados oficiales Vintage 2025 del U.S. Census Bureau: 1,058,603 personas de 60 años o más, equivalentes a aproximadamente 33.2% de la población de Puerto Rico. Esa cifra se mantiene como nuestra referencia demográfica de 2025; los datos económicos de la Encuesta sobre la Comunidad citados en este reportaje corresponden a otros años y productos estadísticos y se identifican como tales.

Esa transformación demográfica suele analizarse desde la salud, el cuidado y los servicios que necesitará una población de mayor edad. Pero también tiene una dimensión económica. Vivir más años significa financiar más años de vida.

Para algunas personas, la jubilación llega acompañada de una pensión, ahorros y una vivienda pagada. Para otras, el Seguro Social constituye una parte mucho más importante de sus recursos. Algunas continúan trabajando. Otras viven solas. Algunas ayudan todavía a hijos o familiares, mientras otras necesitan apoyo económico. No existe una sola experiencia de envejecimiento económico.

Sin embargo, los datos disponibles dejan una realidad clara: una parte considerable de la población mayor de Puerto Rico vive con recursos limitados, y cientos de miles de trabajadores jubilados reciben beneficios de Seguro Social que deben integrarse a presupuestos donde continúan existiendo los mismos tipos de necesidades esenciales que antes de la jubilación.

Por eso hablar de envejecimiento también requiere hablar de ingresos, gastos y capacidad para enfrentar lo inesperado. No para presentar a las personas mayores como víctimas, sino para comprender con mayor precisión una realidad que forma parte de miles de hogares puertorriqueños.

Fuentes y referencias

(1) Social Security Administration. Congressional Statistics, December 2025 — Puerto Rico. Datos del Master Beneficiary Record correspondientes a diciembre de 2025. https://www.ssa.gov/policy/docs/factsheets/cong_stats/2025/pr.html

(2) Social Security Administration. Annual Statistical Supplement, 2026 — Geographic Distribution of OASDI Benefits in Current-Payment Status, Table 5.J6. Número de trabajadores jubilados, distribución, promedio y mediana del beneficio mensual en diciembre de 2025. https://www.ssa.gov/policy/docs/statcomps/supplement/2026/5j.html

(3) Oficina del Procurador de las Personas de Edad Avanzada (OPPEA). Perfil Sociodemográfico de la Población de Adultos Mayores: El Mundo y Puerto Rico 2025. Datos económicos basados en la Encuesta sobre la Comunidad de Puerto Rico 2023, estimados a cinco años. https://docs.pr.gov/files/oppea/Estadistica/Perfil%20Sociodemogr%C3%A1fico%20de%20la%20 Poblaci%C3%B3n%20de%20Adultos%20Mayores%202025.pdf

(4) U.S. Census Bureau. 2024 American Community Survey, 1-Year Estimates, Table S0102PR: Population 60 Years and Over in Puerto Rico. Datos sobre composición de los hogares encabezados por personas de 60 años o más. https://data.census.gov/table/ACSST1Y2024.S0102PR

(5) Departamento del Trabajo y Recursos Humanos de Puerto Rico. Índice de Precios al Consumidor, marzo de 2026. Cambios de precios entre marzo de 2025 y marzo de 2026. https://www.mercadolaboral.pr.gov/lmi/pdf/IPC/2026/Indice%20de%20Precios%20al%20Consu midor%203.pdf

(6) Junta de Planificación de Puerto Rico. Informe Económico a la Gobernadora y a la Asamblea Legislativa 2025. Análisis del Índice de Precios al Consumidor y evolución acumulada de precios desde 2021. https://docs.pr.gov/files/JP-Junta%20de%20Planificacion/Programa%20de%20Planificaci%C3% B3n%20Econ%C3%B3mica%20y%20Social/Publicaciones/ Informe%20Econ%C3%B3mico%20a%20la%20Gobernadora%20y%20a%20la%20Asamblea%2 0Legislativa/Informe%20Economico%20Gobernadora/IEG2025.pdf

(7) U.S. Census Bureau. Vintage 2025 Population Estimates, Puerto Rico. Base demográfica utilizada por 60+ Y Todavía… en la Edición 1 y en la Parte 1 de esta serie: 1,058,603 personas de 60 años o más, aproximadamente 33.2% de la población de Puerto Rico.

Historias

Audeliz Martínez: una vida de lucha, fe y victorias — Abrir o cerrar
HISTORIAS · EDICIÓN 2

Audeliz Martínez: una vida de lucha, fe y victorias

De una infancia difícil en las montañas de Lares a más de cuatro décadas de servicio pastoral, Audeliz Martínez González ha construido una vida de trabajo, perseverancia y compromiso con los demás. Hoy, mientras cultiva su tierra, enseña a otros y conserva las tradiciones puertorriqueñas, continúa mirando hacia el futuro con nuevos proyectos.

Por Samuel Galí | 60+ Y Todavía…

Audeliz Martínez de pie en su huerto, sosteniendo una pana de su cosecha.
Audeliz Martínez muestra una pana cultivada en su propiedad de Lares.

Fotografías: cortesía de Audeliz Martínez.

Lares, el lugar donde comenzó todo

LARES, Puerto Rico — En el barrio Espino Ceiba nació y creció Audeliz Martínez González. Allí comenzó una historia personal que, muchos años después, él mismo define por su determinación de no dejarse vencer. Lares no representa solamente su lugar de nacimiento. Es también el pueblo al que regresó después de vivir en Estados Unidos y República Dominicana, donde estableció su hogar, continuó su ministerio pastoral y desarrolló una relación con la agricultura que mantiene hasta el presente.

Durante una entrevista con 60+ Y Todavía…, Audeliz habló extensamente sobre su infancia, su familia, sus años como pastor y los diferentes trabajos que ha realizado. También compartió algunas de las experiencias que considera decisivas en su vida. Aunque varias estuvieron acompañadas de grandes dificultades, su relato no estuvo dirigido a despertar compasión, sino a explicar cómo fue tomando decisiones que le permitieron salir adelante.

A los cuatro años dejó el hogar materno y pasó a vivir con sus bisabuelos. Su niñez estuvo marcada por la separación familiar, el maltrato y las responsabilidades domésticas que tuvo que asumir desde muy pequeño. Antes de ir a la escuela debía preparar el desayuno y, al regresar, realizar tareas como cocinar, limpiar, lavar ropa y buscar agua.

A los diez años comenzó a trabajar en la agricultura para obtener el dinero que necesitaba. Desyerbaba terrenos, abonaba cafetales y recogía café durante las temporadas de cosecha. Algunos vecinos le ofrecían pequeños trabajos que le permitían comprar ropa, zapatos y otros artículos personales.

A pesar de aquellas responsabilidades, nunca perdió su interés por estudiar. Recuerda que obtenía excelentes calificaciones y que una de sus aspiraciones era convertirse en médico. No tenía un camino sencillo para alcanzar esa meta, pero estaba convencido de que podía construir una vida diferente de la que había conocido.

Con el paso del tiempo desarrolló una actitud que todavía conserva. Cuando alguien le dice que una tarea es demasiado difícil o que no podrá realizarla, lo interpreta como un desafío que lo motiva a intentarlo.

La decisión de cambiar su vida

Durante su adolescencia ocurrió una transformación que Audeliz considera fundamental. Alrededor de los dieciséis años comenzó a interesarse por la lectura de la Biblia y posteriormente participó en una actividad evangelística, invitado por una compañera de escuela.

Según relata, aquella experiencia marcó el comienzo de un cambio profundo en su manera de pensar y de enfrentar la vida. Hasta entonces había acumulado sentimientos de rabia y resentimiento por las experiencias de su infancia. La fe cristiana le ofreció una manera distinta de comprender su pasado y orientar su futuro.

Poco tiempo después decidió trasladarse a Estados Unidos, donde vivía una hermana mayor por parte de padre. Buscaba mejores oportunidades, independencia y la posibilidad de continuar sus estudios.

En Nueva Jersey, la vida tampoco resultó sencilla. Tuvo que trabajar mientras completaba la escuela secundaria en horario nocturno. Recuerda que llegó a mantener dos empleos y asistir a clases, descansando apenas unas pocas horas entre una jornada y otra.

Trabajó en una empresa dedicada al tratamiento y acabado de piezas metálicas y realizó otras labores para sostenerse económicamente. Aunque aquellas jornadas eran agotadoras, no abandonó el propósito de prepararse y progresar.

Fue precisamente en la escuela nocturna donde conoció a Brenda, quien se convertiría en su esposa. Después de un breve noviazgo decidieron casarse y comenzar una vida juntos.

Aquella unión también marcaría el inicio de un proyecto familiar y religioso que los llevaría a vivir experiencias muy diferentes de las que habían imaginado.

Los primeros pasos en el ministerio

En Estados Unidos, Audeliz comenzó a asistir con Brenda a una congregación de la Iglesia del Nuevo Testamento. Allí descubrió nuevas oportunidades para colaborar y servir a otras personas.

Su primera responsabilidad fue colocar en un proyector las transparencias que contenían las letras de los cánticos durante los servicios religiosos. Después participó en el coro y asumió otras tareas dentro de la congregación.

Con el tiempo comenzó a prepararse para el ministerio pastoral. Él y su esposa tomaron la decisión de dedicar su vida al servicio religioso, una etapa cuyo comienzo formal sitúa en octubre de 1983.

En octubre de 2026 se cumplen 43 años desde aquella decisión.

Durante su preparación, Audeliz también realizó trabajos de traducción de mensajes religiosos del inglés al español y viceversa. Esa responsabilidad le permitió colaborar con congregaciones integradas por personas de distintas nacionalidades y conocer de cerca las necesidades de comunidades inmigrantes.

Pero uno de los capítulos más importantes de su trayectoria estaba todavía por comenzar.

Dajabón: cuatro años que marcaron su vida

Audeliz recuerda que durante un periodo de oración comenzó a sentir una inquietud especial por Dajabón, en la República Dominicana. Posteriormente surgieron las circunstancias que lo llevaron a trabajar como pastor en aquella localidad fronteriza.

Junto a su familia permaneció aproximadamente cuatro años en el país. Durante ese tiempo participó en el establecimiento de tres iglesias y desarrolló labores religiosas en comunidades con recursos muy limitados.

La experiencia representó un desafío extraordinario. Había ocasiones en que la familia no disponía de dinero suficiente para comprar alimentos. Las condiciones de cultivo eran difíciles debido a los prolongados periodos sin lluvia, por lo que Audeliz buscaba maneras de complementar la alimentación familiar.

Criaba gallinas, ayudaba a otros residentes con sus animales y participaba cuando podía en actividades agrícolas. También colaboraba en la cosecha de maní y otras tareas rurales.

Entre los acontecimientos que recuerda figura el nacimiento prematuro de su hijo Neftalí. El niño necesitaba una leche especial que la familia no podía costear con facilidad. Una integrante de la comunidad, llamada Damaris, intervino para ayudar a conseguirla. Otras personas también compartieron alimentos y productos de primera necesidad.

Audeliz recuerda particularmente a un hombre que recogía botellas para ganarse la vida y que, aun teniendo escasos recursos, llevó comida a su familia durante varios días.

Aquella solidaridad dejó una impresión permanente en él.

Durante la entrevista relató que muchas de las personas que los ayudaron enfrentaban situaciones económicas tan difíciles como las suyas. Sin embargo, encontraban maneras de compartir lo poco que tenían.

En Dajabón, Audeliz y Brenda también colaboraron directamente en la construcción de una iglesia. Según explicó, elaboraban manualmente alrededor de cien bloques diarios utilizando un molde prestado por un miembro de la comunidad.

No se trataba solamente de dirigir una congregación. Ambos participaban en los trabajos necesarios para que los proyectos pudieran realizarse.

Al recordar esa etapa, Audeliz reconoce que hubo tristeza, soledad y grandes limitaciones materiales. Pero también insiste en que aquellos cuatro años fortalecieron su fe y le permitieron experimentar la generosidad humana de una manera que nunca olvidó.

Regresar a Puerto Rico y comenzar nuevamente

Después de su experiencia en República Dominicana, Audeliz regresó a Puerto Rico y continuó desarrollando labores pastorales. Colaboró en San Sebastián y posteriormente asumió responsabilidades en una congregación de Lares.

En la primera entrevista explicó que lleva aproximadamente 36 años y medio viviendo en este municipio con su familia. Para él, Lares ocupa un lugar especial: allí nació, allí ha desarrollado buena parte de su trabajo y es el pueblo donde desea permanecer.

El regreso no estuvo libre de dificultades. En una de las congregaciones que asumió encontró una situación económica complicada, por lo que decidió buscar trabajos adicionales para sostener a su familia sin abandonar sus responsabilidades religiosas.

Uno de sus primeros empleos fue colaborar con una persona dedicada a distribuir productos agrícolas. Las jornadas comenzaban de madrugada y recorrían diferentes municipios del este de Puerto Rico.

Audeliz aprovechó aquella oportunidad para desarrollar una pequeña actividad comercial. Buscaba ñames en áreas rurales y los vendía durante las rutas de distribución. De esa manera conseguía ingresos adicionales.

Posteriormente estableció un negocio de limpieza de oficinas y trabajó en otras actividades comerciales. Administró una joyería, vendió ropa, perfumes y artículos decorativos, y buscó diferentes alternativas para generar ingresos.

Algunas iniciativas resultaron exitosas; otras tuvieron que terminar por razones familiares, económicas o de salud. Sin embargo, mantuvo una decisión que considera una de las más importantes de su vida: sus hijos debían tener oportunidades que él no había tenido.

Con su trabajo y el apoyo de su esposa logró sacar adelante a la familia. Al hablar de sus hijos expresa satisfacción por sus logros y por haber podido acompañarlos durante su formación.

Su historia laboral demuestra una capacidad de adaptación que ha mantenido durante décadas. Nunca limitó su identidad a una sola ocupación. Fue pastor, trabajador agrícola, comerciante, empresario y colaborador comunitario, según las circunstancias y necesidades de cada etapa.

Una iglesia construida con fe y trabajo

Entre los proyectos que Audeliz recuerda con mayor satisfacción figura la construcción de una iglesia en Lares.

Cuando comenzó aquel proyecto, los recursos disponibles eran limitados. Relató que inicialmente contaba con aproximadamente cinco mil dólares y que algunas personas consideraban imposible completar la obra con ese presupuesto.

Aun así, decidió comenzar.

Consiguió la colaboración de un trabajador de construcción y asumió personalmente la función de ayudante. Mientras avanzaban las labores, continuaba atendiendo sus responsabilidades pastorales y buscando los recursos necesarios para adquirir materiales y cumplir los compromisos económicos.

Durante la entrevista recordó momentos en que no sabía cómo conseguiría el dinero para pagar la mano de obra. También relató aportaciones inesperadas de personas que contribuyeron con fondos y materiales.

En su interpretación, aquellos acontecimientos fueron respuestas a sus oraciones y confirmaciones de que debía continuar.

Según su testimonio, la iglesia quedó construida en aproximadamente cinco meses, sin deudas pendientes por aquella obra.

Con el tiempo también se realizaron ampliaciones y mejoras en las instalaciones.

Para Audeliz, la construcción representa una victoria importante. No solamente por el resultado material, sino porque fue capaz de iniciar y completar un proyecto que parecía fuera de su alcance.

La agricultura: de la necesidad al disfrute

Guineos verdes y varias panas cosechadas, presentadas en un recipiente azul.
Parte de las cosechas de guineos y panas que comparte Audeliz.

La relación de Audeliz con la agricultura comenzó durante la infancia, cuando necesitaba trabajar para mantenerse. Décadas después, aquella actividad se convirtió en una de sus principales fuentes de satisfacción personal.

En su propiedad de Lares dispone de aproximadamente 1,200 metros cuadrados de terreno dedicados a diferentes cultivos.

Allí ha sembrado guineos, plátanos, pana, carambola, guanábana, limones, acerolas, cacao, achiote, ajíes dulces, calabazas y yautías, entre otros productos. Parte de lo que cosecha se utiliza en la alimentación familiar.

El terreno presenta desafíos. El suelo arcilloso y las condiciones de humedad han requerido ajustes, experimentación y el aprendizaje de nuevas técnicas para mejorar los resultados.

Audeliz se describe como autodidacta. Investiga, estudia y prueba diferentes métodos de cultivo. Cuando encuentra dificultades, busca alternativas y hace modificaciones hasta descubrir cuáles funcionan mejor.

En su primera entrevista explicó que sembrar también representa una forma de tranquilidad y relajación. Después de atender sus compromisos pastorales y familiares, disfruta dedicar tiempo al huerto.

En ocasiones su esposa y otros familiares participan en las tareas agrícolas, convirtiendo el trabajo en una actividad que también les permite compartir tiempo juntos.

No obstante, existe otra razón que considera especialmente importante: desea transmitir a sus hijos y nietos los conocimientos que ha adquirido.

Para él, enseñarles a sembrar y aprovechar los recursos disponibles es una manera de dejarles un legado práctico que podrá acompañarlos durante toda la vida.

Enseñar a sembrar, aunque no se tenga una finca

Huerto en un recipiente reutilizado con hileras de plantas y protección de malla.
Un huerto en un recipiente reutilizado, ejemplo de cultivo en espacios reducidos.

Con los años, el interés de Audeliz por la agricultura se ha extendido más allá de su propiedad.

Ha desarrollado talleres dirigidos a grupos comunitarios en los que enseña técnicas para preparar huertos caseros, mejorar los suelos y cultivar en espacios pequeños.

Entre las actividades que realiza están las orientaciones sobre huertos verticales y alternativas para personas que viven en apartamentos o residencias sin grandes patios.

Explica que no hace falta poseer una finca para comenzar. Algunas plantas utilizadas diariamente en la cocina, como el recao, el cebollín y diferentes condimentos, pueden cultivarse en recipientes y espacios relativamente reducidos, siempre que reciban las condiciones adecuadas de luz y cuidado.

También enseña conceptos de asociación de cultivos, mediante los cuales determinadas plantas pueden aprovechar mejor el espacio y los recursos del suelo.

Los talleres son voluntarios. Audeliz no cobra por compartir esos conocimientos.

Según relató, entre los participantes hay muchas personas mayores de sesenta años que descubren nuevas posibilidades después de recibir la orientación.

Algunas habían descartado la idea de cultivar porque pensaban que no tenían terreno suficiente o que ya no estaban en edad de comenzar.

En la primera entrevista resumió su mensaje con una expresión sencilla: «Querer es poder».

Para Audeliz, las limitaciones físicas o de espacio no necesariamente impiden participar en la agricultura. Considera que pueden realizarse adaptaciones y seleccionar actividades adecuadas a las capacidades de cada persona.

También comparte fotografías de sus cosechas en Facebook. Explicó que comenzó a hacerlo después de observar el interés que despertaban sus publicaciones. Algunas personas le han comentado que decidieron comenzar a sembrar motivadas por lo que vieron.

Su propósito es demostrar que cultivar algunos alimentos puede contribuir a reducir ciertos gastos familiares y, al mismo tiempo, proporcionar satisfacción personal.

Conservar las tradiciones puertorriqueñas

Otra faceta de Audeliz es su participación en actividades relacionadas con la artesanía tradicional.

Durante la segunda entrevista explicó que ha aprendido técnicas de tejido en palma y elaboración de piezas en bejuco. También mostró algunos de sus trabajos, entre ellos canastas relacionadas con las antiguas labores de recolección de café.

Indicó que recibió formación y certificación como artesano, y recordó que Edwin Marcucci fue uno de sus maestros en el trabajo con bejuco.

Su interés por estas actividades no se limita a producir objetos artesanales. Considera importante conservar conocimientos que han formado parte de la vida de las comunidades rurales puertorriqueñas.

En ese esfuerzo participa en iniciativas comunitarias que promueven la agricultura, las artes tradicionales y otras actividades educativas.

Audeliz entiende que esos conocimientos deben transmitirse para evitar que desaparezcan con el paso de las generaciones.

Su participación demuestra otra dimensión de su compromiso con Lares: contribuir a que las experiencias y destrezas tradicionales continúen formando parte de la vida del pueblo.

El libro que todavía quiere escribir

Durante la conversación surgió también uno de los proyectos personales que Audeliz desea realizar: escribir un libro sobre sus experiencias.

Explicó que tiene bastante claro lo que quiere contar, pero necesita dedicar tiempo a organizarlo y comenzar a escribir.

Ya ha recibido orientaciones de personas que conocen el proceso de publicación y cuenta con amistades dispuestas a ayudarlo.

El proyecto tendría un significado especial porque le permitiría conservar por escrito muchas de las experiencias que ha acumulado durante décadas de servicio pastoral, vida familiar y trabajo comunitario.

Su relato contiene acontecimientos que considera importantes para transmitir a otras personas, particularmente aquellos relacionados con la fe, la perseverancia y las decisiones que marcaron diferentes etapas de su vida.

Aunque todavía no ha completado ese propósito, asegura que tiene la intención de hacerlo.

Una victoria que continúa

Hacia el final de la entrevista, Audeliz recibió una pregunta que lo llevó a reflexionar sobre cómo quisiera ser recordado.

Su respuesta no estuvo relacionada con reconocimientos, posiciones religiosas ni logros económicos.

Expresó que le gustaría que las personas lo recordaran como alguien valiente, luchador y que no se dejó vencer.

«Para mí, el que me dicen “tú no vas a poder” es como un reto».

Esa manera de pensar aparece repetidamente en su trayectoria. Desde los trabajos agrícolas de la infancia hasta sus estudios, sus negocios, la construcción de iglesias y los proyectos comunitarios que continúa realizando, Audeliz ha tenido que aprender, adaptarse y tomar decisiones en circunstancias muy diferentes.

Al preguntarle qué le falta todavía por lograr, mencionó otro sueño: obtener un doctorado relacionado con la consejería y la ayuda a las familias.

De joven deseaba estudiar medicina. Aunque ese camino no pudo realizarse como lo había imaginado, continuó preparándose en áreas relacionadas con la orientación y la consejería familiar.

Ahora quisiera alcanzar un grado doctoral, principalmente por la satisfacción personal de cumplir una meta que ha conservado durante muchos años.

«Y creo que lo voy a hacer, lo voy a hacer, lo voy a lograr».

Su respuesta refleja la actitud con la que continúa enfrentando la vida.

Hoy Audeliz Martínez sigue dedicado a su familia, al pastorado, al cultivo de la tierra y a compartir sus conocimientos. También desea escribir, continuar estudiando y mantenerse útil a su comunidad.

Cuando habla de las experiencias que ha vivido, reconoce las dificultades, pero dedica especial atención a lo que ha logrado, a las personas que lo ayudaron y a la fe que considera indispensable en su trayectoria.

Su historia no puede resumirse únicamente por las circunstancias difíciles de su infancia ni por los obstáculos que encontró después.

Es la historia de un hombre que decidió construir una vida distinta, que ha dedicado más de cuatro décadas al servicio de los demás y que todavía tiene proyectos por realizar.

Para Audeliz Martínez, las victorias alcanzadas no representan el final de su historia. Todavía quedan metas por cumplir.

Fuentes y créditos

  1. Samuel Galí. Entrevistas originales a Audeliz Martínez González realizadas en Lares, Puerto Rico, 2026. Declaraciones recogidas en la primera conversación y en la entrevista posterior grabada y transcrita para 60+ Y Todavía….

Fotografías: cortesía de Audeliz Martínez, suministradas por el entrevistado y autorizadas para su publicación en esta revista.

HISTORIAS · OTRA VIDA QUE INSPIRA

Betty Kellenberger: a los 80 años completó el Appalachian Trail, un sueño que comenzó en su niñez

Betty Kellenberger en la cima de Katahdin, al culminar su recorrido del Appalachian Trail
Betty Kellenberger en Katahdin. Fotografía cortesía de Betty Kellenberger.

Después de varios intentos, lesiones, una cirugía de rodilla, la pérdida de su compañero de caminatas y la interrupción provocada por el huracán Helene, Betty Kellenberger completó uno de los senderos de larga distancia más conocidos del mundo. En una entrevista escrita con 60+ Y Todavía…, habló de la familia que formó su carácter, de las personas que marcaron el recorrido y de por qué, después de aquella meta, todavía sigue haciendo planes.

Leer la historia de Betty →
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HISTORIAS · EDICIÓN 2

Betty Kellenberger: a los 80 años completó el Appalachian Trail, un sueño que comenzó en su niñez

Después de varios intentos, lesiones, una cirugía de rodilla, la pérdida de su compañero de caminatas y la interrupción provocada por el huracán Helene, Betty Kellenberger completó uno de los senderos de larga distancia más conocidos del mundo. En una entrevista escrita con 60+ Y Todavía…, habló de la familia que formó su carácter, de las personas que marcaron el recorrido y de por qué, después de aquella meta, todavía sigue haciendo planes.

Por Samuel Galí · Entrevista para 60+ Y Todavía…

Betty Kellenberger en la cumbre junto al letrero de Katahdin, con bastones de senderismo en las manos
Betty Kellenberger en la cima de Katahdin. Fotografía: cortesía de Betty Kellenberger.

Betty Kellenberger tenía unos diez años cuando aprendió dos cosas que permanecerían con ella durante décadas. Una llegó de su madre. La otra, de una revista que leyó cuando todavía estaba en la escuela elemental.

Creció en Michigan en una familia de seis hermanas. Su madre, a quien recuerda como una mujer fuerte, les enseñaba que la fortaleza nacía de adentro y requería determinación y compromiso. En una época en la que no era habitual hablarles de esa manera a las niñas, en su casa escuchaban un mensaje claro: “Girls can do anything.” Las niñas pueden hacer cualquier cosa.

Al preguntarle qué pensaría hoy aquella niña si pudiera verla después de todo lo que ha hecho, Betty contestó con apenas unas palabras: “You go, girl.” Y añadió algo que ayuda a comprender mucho de lo que vendría después: “That 10 year old girl heard her.” Aquella niña de diez años la escuchó. Betty

Por aquellos mismos años leyó sobre el Appalachian Trail. La idea de un sendero que atravesaba el este de Estados Unidos desde Georgia hasta Maine capturó su atención y permaneció con ella. La vida, sin embargo, no se detuvo a esperar aquel sueño. Pasaron los estudios, el trabajo, las responsabilidades y muchas otras experiencias. Betty desarrolló una carrera como maestra y mantuvo durante su vida una gran actividad física. El sendero seguía allí, pero durante décadas no fue el centro de sus días. AARP

Mucho antes de comenzar a caminarlo, sin embargo, Betty ya había adquirido parte de la resistencia que algún día necesitaría.

Seis hermanas y una finca lechera

La familia vivía en una finca lechera. Su padre tenía seis hijas y ningún hijo varón. Betty lo cuenta sin dramatismo: en aquella finca había trabajo que hacer y ellas eran necesarias.

“We were needed. We were the hands.”

Trabajó en los campos y en los depósitos de heno, paleó maíz y estiércol, cortó leña y realizó las tareas que hicieran falta. No era entrenamiento para una futura caminata. Era simplemente la vida de aquella familia. Pero muchos años después, Betty y sus hermanas han hablado entre ellas sobre lo que ese trabajo les dejó.

Había que terminar la tarea.

Estar cansada no significaba automáticamente detenerse.

Esa capacidad de continuar hasta completar lo que habían comenzado, explica Betty, terminó acompañándolas durante la vida adulta. Betty

Ese detalle resulta importante porque Betty no presenta su historia como una demostración de que cualquier persona puede hacer a los 80 años lo que ella hizo. Cuando le preguntamos sobre su condición física, fue muy cuidadosa. Reconoce que ha sido afortunada y que muchas personas de su edad no cuentan con el nivel de salud o capacidad física requerido para enfrentar una travesía semejante.

La determinación y la concentración cuentan, pero también cuenta el cuerpo con el que cada persona llega a esa etapa de su vida.

En su caso, la condición física venía construyéndose desde hacía décadas. Y Betty hace una distinción que merece conservarse: no se mantuvo activa durante tantos años para poder caminar el Appalachian Trail. Pudo caminar el Appalachian Trail porque se había mantenido activa durante tantos años. Betty

El sendero que había esperado

El Appalachian Trail, o Sendero de los Apalaches, no es una caminata convencional. En 2026 tiene una longitud oficial de 2,197.9 millas y atraviesa 14 estados, desde Springer Mountain, en Georgia, hasta Katahdin, en Maine. La Appalachian Trail Conservancy lo identifica como el sendero exclusivamente para caminantes más largo del mundo. Recorrerlo completo suele requerir alrededor de seis meses, aunque existen distintas maneras de hacerlo. Appalachian Trail Conservancy

Un thru-hike es la realización de todo el sendero dentro de un periodo de doce meses o menos. No es necesario seguir una sola dirección ni recorrerlo en secuencia. Algunos excursionistas utilizan una modalidad conocida como flip-flop, mediante la cual completan diferentes secciones en distinto orden. Appalachian Trail Conservancy

Betty comenzó a intentar aquel sueño en 2022, acompañada por Joe “Tracks” Cox, veterano de la Marina estadounidense y también excursionista. Avanzaron buena parte de la ruta antes de trasladarse hacia Katahdin con la intención de caminar hacia el sur. Allí Joe sufrió una caída y tuvo que salir del sendero. Betty continuó algunos días más, pero finalmente una combinación de enfermedad de Lyme, deshidratación y una conmoción cerebral la obligó también a detenerse. The Trek

En 2023 volvió.

Esta vez Joe no podía acompañarla físicamente, pero la animó a continuar. Betty comenzó desde Harpers Ferry y avanzó hasta Massachusetts antes de que otra caída volviera a detener su recorrido. Poco después, Joe falleció. The Trek

Para entonces, terminar el Appalachian Trail ya significaba algo distinto.

Joe

Cuando 60+ Y Todavía… le preguntó por Joe, Betty comenzó describiendo a la persona antes que al excursionista. Era un hombre de seis pies y tres pulgadas, pero para ella su tamaño tenía otros significados. Habla de su personalidad, su sentido del humor, lo mucho que sabía sobre senderismo y, especialmente, su generosidad. Lo recuerda como alguien que buscaba personas a quienes pudiera ayudar.

También había sido su apoyo cuando un día se volvía especialmente difícil o cuando una lesión complicaba la caminata. Betty

Perderlo produjo un vacío que Betty todavía describe con enorme claridad. Dice que siguió encontrando la huella de Joe en diferentes espacios de su vida porque él había conseguido ocupar muchos de ellos.

Y entonces escribió una de las frases más personales de toda nuestra conversación:

“He continues to hike with me. He is just quieter.”

“Él continúa caminando conmigo. Solo que ahora está más callado.” Betty

Joe había sido quien la animó a completar un thru-hike. Cuando sus propios problemas médicos le impidieron continuar, planeaba seguir apoyándola. Betty decidió dedicarle el recorrido. Durante días particularmente difíciles en New Hampshire y durante el cansancio acumulado de la travesía, esa dedicatoria se convirtió también en una razón para continuar. Betty

Pero continuar no significaba ignorar lo que estaba ocurriendo con su cuerpo.

“Nunca decidas rendirte en un mal día”

Betty sabe que llega un momento en una caminata de esa magnitud en que el excursionista puede preguntarse si ha asumido algo mayor de lo que realmente puede manejar.

Entre quienes recorren el sendero circula una recomendación:

“Never quit on a bad day.”

“Nunca decidas rendirte en un mal día.”

La idea no es ignorar el dolor, el agotamiento, una lesión o una situación que haga necesario detenerse. Es evitar que el peor momento se convierta también en el momento en que se adopte una decisión definitiva.

Betty distingue precisamente entre esas dos cosas: rendirse y tener que detenerse.

“I never quit for good”, nos explicó. Tuvo que salir para recuperarse. Hubo circunstancias que hicieron imposible continuar. Pero esas interrupciones no significaban que hubiera decidido no regresar. Betty

Después de sus lesiones llegó también un reemplazo de rodilla. Su nuevo intento tuvo que esperar hasta agosto de 2024. Entonces regresó al Appalachian Trail desde Harpers Ferry.

Esta vez no sería su cuerpo el que detendría el recorrido.

Betty Kellenberger sube por una escalera metálica fijada a una roca durante una caminata de montaña
El esfuerzo físico fue una parte real de la travesía: roca, desnivel y decisión paso a paso. Fotografía cortesía de Betty Kellenberger.

Helene

A finales de septiembre de 2024, el huracán Helene provocó destrucción severa en el sur de los Apalaches. La Appalachian Trail Conservancy describió el fenómeno como el desastre natural de mayor alcance geográfico que había afectado el sendero en sus cien años de historia. Hubo caminos intransitables y secciones cerradas o peligrosas. Appalachian Trail Conservancy

La organización permitió que los thru-hikers afectados suspendieran temporalmente sus recorridos y regresaran posteriormente sin perder las millas ya completadas. Una vez reanudada la travesía, dispondrían de doce meses para terminar las secciones restantes. Appalachian Trail Conservancy

Betty se encontraba cerca de Damascus cuando las consecuencias del huracán la obligaron a cambiar nuevamente sus planes. Pero de aquel episodio recuerda también algo que no tiene que ver con viento, lluvia o senderos cerrados.

Una familia inglesa de apellido Bury, que también se encontraba atrapada por la situación creada por Helene, decidió ayudarla. Betty necesitaba encontrar una forma de salir de la zona y continuar su recorrido al norte de la tormenta. La familia la llevó hasta Harpers Ferry.

Ni siquiera aceptaron que pagara la gasolina. Betty

Es un episodio que resume algo que Betty ha mencionado también en otras entrevistas. Cuando recuerda el Appalachian Trail, muchas veces no piensa primero en un paisaje específico. Piensa en las personas: otros excursionistas, propietarios de albergues, conductores y trail angels, personas que ofrecen ayuda a quienes van recorriendo la ruta. The Trek

En el sendero encontró cansancio, lesiones y dificultades. Pero encontró también desconocidos dispuestos a ayudar.

Septiembre de 2025

Betty continuó completando las secciones pendientes y regresó nuevamente en 2025.

Para entonces había recorrido partes del Appalachian Trail más de una vez. Su itinerario, como ella misma ha reconocido, no resulta sencillo de explicar porque siguió diferentes direcciones y segmentos. Pero el objetivo era claro: completar todas las millas. The Trek

El 12 de septiembre de 2025, Betty regresó a la frontera entre Massachusetts y Vermont.

Allí terminó.

Tenía 80 años.

AARP y The Trek, entre otros medios, la reconocieron como la mujer de mayor edad en completar un thru-hike del Appalachian Trail. AARP

El reconocimiento por la edad, sin embargo, no había sido el motivo por el que comenzó. Betty explicó a otros medios que casi había terminado la travesía cuando las personas comenzaron a preguntarle su edad y a plantearle que posiblemente estaba estableciendo una nueva marca. The Trek

Cuando nosotros le preguntamos qué había significado terminar, dejando a un lado cualquier récord, la respuesta fue más compleja.

Durante años el Appalachian Trail había ocupado una parte considerable de su vida. Había que planificar, entrenar, preparar el equipo, organizar cada regreso y convivir continuamente con una pregunta: ¿seré realmente capaz de terminarlo?

Betty recuerda especialmente la preocupación que le producían Maine y New Hampshire. Sabía lo que todavía tenía delante.

Completar la ruta significó finalmente poder dejar descansar aquella pregunta.

Pero también apareció otra sensación.

Comenzó a extrañar el sendero.

Cuando alcanzar la meta también produce una pérdida

Betty describe el Appalachian Trail como una experiencia física, pero también espiritual. Durante años había organizado una parte importante de su vida alrededor de regresar, caminar y terminar. Cuando finalmente ya no quedaban millas pendientes, apareció la ausencia de todo aquello que había formado parte de sus días.

“You grieve the loss when it’s over.”

Uno siente la pérdida cuando termina. Betty

Eso ayuda a comprender por qué su historia no termina realmente el 12 de septiembre de 2025. La meta estaba completada, pero la relación con caminar, viajar y ponerse nuevos objetivos continuaba.

Y también explica por qué, cuando habla del envejecimiento, Betty no centra su mensaje únicamente en el número 80.

Lo que sí significa envejecer

Su posición es más matizada que el conocido mensaje de que “la edad es solo un número”.

Betty sabe que el cuerpo cambia. Reconoce que existen condiciones físicas que pueden impedir determinadas actividades y que no todas las personas llegan a los 80 años con las mismas posibilidades. Su propia historia incluye lesiones, caídas y una cirugía de rodilla.

Pero considera que la edad tampoco debe convertirse automáticamente en la explicación para no intentar algo.

Cuando le pedimos que hablara directamente a nuestros lectores mayores de 60 años que quizá han pospuesto durante mucho tiempo algún objetivo, Betty utilizó otra imagen del sendero: las piedras que aparecen en el camino.

Su consejo comienza por identificarlas.

¿Qué es exactamente lo que impide avanzar?

Después hay que determinar qué necesita hacerse, elaborar un plan, conseguir información, buscar ayuda de personas que conozcan el tema y encontrar alternativas cuando una limitación requiera hacer las cosas de otra manera. Betty

Durante sus propias caminatas descubrió algo que no siempre puede apreciarse en una fotografía de alguien subiendo una montaña: buena parte del desafío era mental.

Esa observación conecta, muchos años después, con lo que aquella familia de seis hermanas aprendió trabajando en una finca de Michigan. Algunas tareas son difíciles. Algunas requieren detenerse y regresar. Y algunas exigen encontrar otra manera de terminarlas.

Después de los 80

Completar el Appalachian Trail no llevó a Betty a concluir que ya había realizado su última gran aventura.

Durante 2026 completó el West Highland Way, en Escocia, y el Laugavegur Trail, en Islandia, según confirmó directamente a 60+ Y Todavía…. También comenzó a recorrer por secciones la parte de Michigan del North Country Trail.

Betty Kellenberger de pie junto a una cascada durante una de sus caminatas
Además del reto, el camino también le regaló momentos de belleza, contemplación y gratitud. Fotografía cortesía de Betty Kellenberger.

Y tiene otro proyecto.

Patagonia, febrero de 2027.

Cuando alguien le preguntó cuándo pensaba dejar de hacerlo, contestó:

“Not till I have to.”

“No hasta que tenga que hacerlo.”

Es difícil no volver entonces a la niña de diez años con la que comenzó esta historia.

Su madre le decía que las niñas podían hacer cualquier cosa. En la finca aprendió que estar cansada no significaba necesariamente que el trabajo hubiera terminado. Décadas después tuvo que salir repetidas veces de un sendero por enfermedad, lesiones, cirugía y hasta por un huracán.

Regresó cada vez que pudo.

El Appalachian Trail ya está terminado.

Betty Kellenberger, en cambio, todavía tiene lugares a los que quiere llegar.

Fotografías: cortesía de Betty Kellenberger, utilizadas con su autorización.

Referencias

  1. (1) Appalachian Trail Conservancy. Appalachian Trail Becomes a Half Mile Longer in 2026. 4 de diciembre de 2025. Longitud oficial 2026: 2,197.9 millas. Appalachian Trail Conservancy
  2. (2) Appalachian Trail Conservancy. A.T. Basics y Thru-Hiking the Appalachian Trail. Información sobre longitud, estados, terminales, duración aproximada y modalidades de recorrido. Appalachian Trail Conservancy
  3. (3) Appalachian Trail Conservancy. Hurricane Helene’s Impacts on the Appalachian Trail and Nearby Communities. 30 de septiembre de 2024. Información sobre daños y excepción para thru-hikers afectados por Helene. Appalachian Trail Conservancy
  4. (4) Rachel Nania. “You’ve Got to Try”: How One Woman Finished the Appalachian Trail at 80. AARP, 10 de diciembre de 2025. AARP
  5. (5) Kelly Floro. Betty Kellenberger Just Became the Oldest Woman To Thru-Hike the AT at Age 80. The Trek, 15 de septiembre de 2025. The Trek
  6. (6) Betty Kellenberger. I Am Betty Kellenberger, Appalachian Trail Class of 2025. Hyperlite Mountain Gear, publicado el 21 de noviembre de 2025; actualizado el 14 de abril de 2026. Hyperlite Mountain Gear
  7. (7) Entrevista escrita de Samuel Galí para 60+ Y Todavía…, octubre de 2026. Respuestas y aclaraciones proporcionadas directamente por Betty Kellenberger. Betty

SEGUNDA EDICIÓN

Noticias que inspiran

Personas y comunidades que continúan aprendiendo, creando y ayudando a los demás.

Diana Rivera Viera al piano
APRENDER A CUALQUIER EDAD

A los 77 años, Diana descubrió que todavía tenía mucho por aprender… de sí misma

Una educadora puertorriqueña que decidió aprender piano después de los 70 años.

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Festival Talentos Dorados en Lajas
TALENTO EN LA MADUREZ

Cuando el talento no se jubila

Personas mayores compartieron sus habilidades y creatividad en un festival celebrado en Lajas.

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Archivo históricoAyuda alimentaria en Puerto Rico · 2017Ver fotografía original ↗
Archivo de ayuda alimentaria en Naguabo en el año 2017Imagen de archivo · 2017
SOLIDARIDAD EN PUERTO RICO

Las manos que alimentan a Puerto Rico: cuando la solidaridad llega a la mesa

Cinco organizaciones realizan una labor de ayuda alimentaria en distintas comunidades puertorriqueñas.

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A los 77 años, Diana descubrió que todavía tenía mucho por aprender… de sí misma — Abrir o cerrar
NOTICIAS QUE INSPIRAN · EDICIÓN 2

A los 77 años, Diana descubrió que todavía tenía mucho por aprender… de sí misma

Después de una destacada trayectoria en la educación universitaria, Diana Rivera Viera encontró en el piano una nueva manera de crecer, crear y disfrutar la vida.

Por Samuel Galí | 60+ Y Todavía…

Diana Rivera Viera sentada frente al piano
Diana Rivera Viera practica piano. Fotografía suministrada por Lucía Fernández, de PIANOFORTE.

Durante gran parte de su vida, Diana Rivera Viera se dedicó a enseñar, dirigir y contribuir al desarrollo de otros. Fue profesora universitaria, decana de una Facultad de Educación y ocupó diversas posiciones administrativas en el ámbito académico. Su trayectoria también la llevó a trabajar en Estados Unidos, América Latina y el Caribe, participando en la formación de maestros, consultorías educativas y evaluación de proyectos.

Sin embargo, después de tantos años dedicada a su profesión, a su familia y a múltiples responsabilidades, había algo que todavía deseaba hacer: aprender a tocar el piano.

Hoy, a sus 77 años, Diana demuestra que la jubilación no tiene por qué representar el final de una etapa de crecimiento. Por el contrario, puede convertirse en la oportunidad perfecta para explorar capacidades que habían permanecido en segundo plano.

Un sueño que tuvo que esperar

Cuando sus hijas eran pequeñas, Diana las observaba tomar clases de piano. La música siempre le había interesado, e incluso intentó aprender durante un breve periodo, pero las responsabilidades de la vida y una metodología con la que no se identificó hicieron que aquel interés quedara pendiente.

Décadas después, con sus hijos ya adultos y disfrutando también de sus nietos, decidió reservar tiempo para sí misma.

Su objetivo no era convertirse en concertista ni impresionar a nadie. Quería aprender simplemente por el placer de hacerlo.

Pero dar el primer paso no estuvo libre de dudas.

«Yo tengo 77 años. Así es que empezar algo en los 70, mediados 70, pues es algo que un poco asusta», reconoce.

Acostumbrada a destacarse profesionalmente y a exigirse mucho, Diana se preguntaba si sería capaz de dominar una habilidad completamente nueva. Aun así, decidió intentarlo.

De educadora a estudiante

Hace aproximadamente tres años comenzó su formación musical en PIANOFORTE Boutique Piano Studio, un estudio especializado en mentorías de piano para adultos.

Para alguien con su experiencia en educación, aprender no significaba simplemente repetir ejercicios o memorizar notas. Diana observaba también cómo se desarrollaba el proceso de aprendizaje.

Y descubrió algo importante: aprender música implica trabajar no solamente las habilidades técnicas, sino también la paciencia, las emociones y las expectativas personales.

Su tendencia al perfeccionismo, que tantas veces la había acompañado en su vida profesional, representaba ahora un desafío diferente. Tenía que aprender a equivocarse, avanzar gradualmente y disfrutar sin exigirse resultados inmediatos.

Con el acompañamiento de su mentora, Lucía Fernández, comenzó a desarrollar estrategias para enfrentar las dificultades musicales sin convertirlas en una fuente de presión.

Hoy reconoce que ese enfoque le ha permitido disfrutar mucho más del proceso.

Mucho más que tocar las notas correctas

Lo que comenzó como el deseo de aprender un instrumento se ha convertido en una experiencia de descubrimiento personal.

Diana ya no se concentra únicamente en leer una partitura o tocar las notas correctas. Ahora busca interpretar la música, transmitir emociones y darle un carácter propio a cada pieza.

«Le estoy tratando de dar mi propio sentimiento en lo que toco», explica.

Sus gustos musicales son tan diversos como su trayectoria. Disfruta la Nueva Trova de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, las composiciones románticas de Armando Manzanero, los boleros tradicionales y la música clásica. También conserva un cariño especial por las canciones que escuchaba durante su infancia en Puerto Rico.

Ahora puede trabajar en proyectos musicales que ella misma selecciona, una de las experiencias que más satisfacción le produce.

Incluso ha comenzado a escuchar la música de manera diferente. Cuando conduce, por ejemplo, presta mayor atención a las composiciones instrumentales y descubre detalles que antes pasaban inadvertidos.

El piano también le ha abierto una puerta a la creatividad, un área que, según cuenta, había tenido menos oportunidades de desarrollar durante su carrera profesional. Junto con otras actividades artísticas, como la cerámica, la música le permite explorar nuevas formas de expresión.

Nunca es demasiado tarde para comenzar

A pesar de sus avances, Diana confiesa que todavía siente nervios cuando piensa en tocar frente a otras personas, incluso ante su propia familia.

Pero ha aprendido que el crecimiento personal no exige perfección.

Su historia resulta especialmente significativa porque, después de una vida dedicada a enseñar y desarrollar las capacidades de otros, ahora es ella quien disfruta la experiencia de aprender algo completamente nuevo.

Y cuando se le pregunta qué le diría a alguien que piensa que ya es demasiado tarde para comenzar, su respuesta es sencilla:

«Realmente hay que lanzarse a hacer estas cosas nuevas».

Para Diana, cada persona puede avanzar a su propio ritmo, sin comparaciones ni presiones innecesarias.

Porque siempre puede existir un sueño pendiente, una habilidad por descubrir o una experiencia que todavía merece vivirse.

«Siempre la gente tiene algo que se le quedó que quería hacer y que no tuvo el tiempo, pues este es momento para lanzarse. Vale la pena».

A sus 77 años, Diana no está simplemente aprendiendo a tocar el piano. Está demostrando que la curiosidad, la creatividad y las ganas de seguir creciendo no tienen fecha de vencimiento.

Sobre PIANOFORTE Boutique Piano Studio

PIANOFORTE es un estudio especializado en mentorías de piano para adultos, con una metodología personalizada enfocada en el desarrollo de habilidades musicales, la independencia y el disfrute del aprendizaje.

Página web: pianofortePR.com

Teléfono: 787-243-6177

Fuentes y créditos

Testimonio de Diana Rivera Viera e información proporcionada por PIANOFORTE Boutique Piano Studio. Fotografía suministrada por Lucía Fernández.

Cuando el talento no se jubila — Abrir o cerrar
NOTICIAS QUE INSPIRAN · EDICIÓN 2

Cuando el talento no se jubila

En Lajas, cerca de 70 adultos mayores participaron en el Festival de Talentos Dorados: Dejando Huellas. Hubo canto, modelaje, actuación, manualidades y dominó. Entre los protagonistas destacó Santos Acosta, de 103 años, quien ganó la competencia de dominó.

Por Samuel Galí | 60+ Y Todavía…

Personas mayores participantes del Festival Talentos Dorados reunidas en un salón en Lajas
Vista del Festival de Talentos Dorados: Dejando Huellas, celebrado en Lajas el 17 de abril de 2026. Fotografía: Pablo Martínez Rodríguez.

Un encuentro para participar y compartir

El 17 de abril de 2026, el Centro de Servicios Múltiples para Personas de Edad Avanzada Enrique Ortiz Ortiz, en Lajas, acogió el Festival de Talentos Dorados: Dejando Huellas. Unos 70 adultos mayores del suroeste de Puerto Rico se reunieron para participar en actividades que dieron espacio a sus habilidades, intereses y experiencias. La jornada incluyó competencias de modelaje, canto, actuación, manualidades y dominó, y los ganadores recibieron medallas como reconocimiento a su participación. [1, 2]

Santos Acosta: 103 años y una victoria en dominó

Uno de los momentos destacados del encuentro fue la victoria de Santos Acosta, residente de Lajas, en la competencia de dominó. A sus 103 años, Acosta fue reconocido por su participación en una de las actividades más conocidas y compartidas de la vida social puertorriqueña. Su logro llamó la atención de los medios que reseñaron el festival. [1, 3]

Participantes comparten alrededor de una mesa de dominó en Lajas
Personas mayores participan de la competencia de dominó. Fotografía: Pablo Martínez Rodríguez.

Mucho más que una competencia

El interés de la actividad no estuvo únicamente en conocer quién ganó cada categoría. Un festival de esta naturaleza abre espacios para que las personas mayores expresen lo que saben hacer, conozcan a otros participantes y compartan experiencias fuera de su rutina habitual. En la misma jornada convivieron disciplinas artísticas, actividades manuales y juegos de mesa; cada participante tuvo la oportunidad de mostrar alguna de sus capacidades. No se trata de medir el valor de una persona por una medalla, sino de ofrecer ocasiones reales de participar y ser escuchada.

Una iniciativa para la convivencia

El encuentro de Lajas formó parte de la iniciativa Dejando Huellas, desarrollada con la participación de la Cámara de Representantes de Puerto Rico y colaboradores del municipio. Según las informaciones publicadas, su propósito era fomentar la integración social y crear espacios de convivencia para adultos mayores. Durante la actividad también se ofrecieron orientaciones sobre servicios y trámites dirigidos a esta población. [2, 3]

Reconocer las capacidades en todas las edades

En ocasiones, al hablar de envejecimiento, la atención se concentra en las limitaciones o las necesidades de asistencia. Esas realidades merecen información y respuestas, pero no describen por completo la vida de quienes han superado los 60, 70, 80 o incluso 100 años. También existen intereses, destrezas, amistades y deseos de seguir participando. El Festival de Talentos Dorados ofrece un ejemplo concreto de actividades que reconocen esas capacidades y proporcionan un lugar para compartirlas.

Mesa con sombreros decorados y trabajos artesanales en el festival
Exhibición de manualidades y trabajos creativos durante el festival. Fotografía: Pablo Martínez Rodríguez.

Una noticia que inspira

La participación de aproximadamente 70 personas y el triunfo de Santos Acosta a los 103 años son dos hechos que distinguen esta historia. Lo más significativo, sin embargo, es que el encuentro permitió que muchos adultos mayores ocuparan el centro de una actividad comunitaria, no como espectadores, sino como participantes. Reconocer sus talentos y ofrecer oportunidades de convivencia es una manera de recordar que la edad no elimina el interés por aprender, crear, competir de forma amistosa y disfrutar en compañía.

Referencias

[1] Primera Hora, redacción. «Celebran concurso de talentos en Lajas para adultos mayores». 19 de abril de 2026. Consultar la publicación

[2] Metro Puerto Rico, redacción. «Adultos mayores del suroeste participan en “talent show” en Lajas». 18 de abril de 2026. Consultar la publicación

[3] Metro Puerto Rico, redacción. «Adulto mayor de 103 años gana competencia de dominó en Lajas». 18 de abril de 2026. Consultar la publicación

Fotografías: Pablo Martínez Rodríguez.

Las manos que alimentan a Puerto Rico: cuando la solidaridad llega a la mesa — Abrir o cerrar
NOTICIAS QUE INSPIRAN · EDICIÓN 2

Las manos que alimentan a Puerto Rico: cuando la solidaridad llega a la mesa

En distintos puntos de Puerto Rico, organizaciones sin fines de lucro preparan y distribuyen alimentos para personas mayores, niños, familias, personas sin hogar y otros ciudadanos que atraviesan dificultades. Detrás de cada comida hay trabajadores, voluntarios, donantes y organizaciones que merecen ser reconocidos.

Por Samuel Galí | 60+ Y Todavía…

Archivo histórico de distribución de alimentos y agua a residentes en Naguabo en 2017
Archivo histórico, 2017: Voluntarios del Club de Leones distribuyen ayuda alimentaria en Naguabo después del huracán María. Foto: sargento Michael Broughey / Ejército de Estados Unidos / DVIDS, 2 de noviembre de 2017. Fuente oficial. No representa los servicios actuales de las organizaciones reseñadas.

Cuando conseguir alimentos es una preocupación

Para muchas personas en Puerto Rico, decidir qué comprar en el supermercado implica distribuir un presupuesto limitado entre la alimentación, los medicamentos, la vivienda y otros gastos indispensables. Algunas personas mayores viven solas o tienen dificultades para salir de sus hogares. También hay cuidadores familiares, niños, estudiantes y personas sin vivienda estable que necesitan apoyo para obtener alimentos suficientes. Las circunstancias son distintas, pero comparten una necesidad básica: poder alimentarse con dignidad.

Ante esta realidad, varias organizaciones no gubernamentales mantienen comedores, entregas a domicilio y redes de distribución de alimentos. Algunas sirven comidas preparadas; otras trasladan productos a entidades comunitarias que los hacen llegar a las familias. No todas operan diariamente ni atienden de la misma manera, pero todas contribuyen a responder a la inseguridad alimentaria. Este reportaje reconoce a cinco de ellas, sin pretender que sean las únicas que trabajan por esta causa.

Las diferentes caras de la necesidad

La inseguridad alimentaria no se limita a las personas sin hogar. Puede afectar a una persona jubilada cuyos ingresos resultan insuficientes, a alguien encamado que necesita recibir la comida en su casa, a una familia que ha perdido ingresos o a un estudiante que debe cubrir simultáneamente matrícula, vivienda y alimentos. También puede afectar a quienes cuidan de un familiar y enfrentan gastos adicionales.

Por eso la ayuda no consiste siempre en entregar un plato en un comedor. A veces se necesita llevar alimentos al hogar; en otras ocasiones, entregar una compra de productos básicos o conectar a la persona con servicios adicionales. Recibir asistencia no disminuye el valor ni la dignidad de nadie.

Centro Madre Teresa de Calcuta: comida y acompañamiento en Naguabo

El Centro Madre Teresa de Calcuta, Inc., en Naguabo, desarrolla iniciativas dirigidas a personas y familias en situación de necesidad. Entre ellas están el Comedor de Bien, que sirve almuerzos, y el programa El Viejo de Mi Calle, que lleva alimentos y acompañamiento a personas mayores encamadas y a sus cuidadores.

Según datos de la entidad difundidos por WALO Radio el 22 de septiembre de 2026, el Comedor de Bien sirvió 57,542 almuerzos durante 2025. Para septiembre de 2026, la entidad informaba una operación aproximada de 1,400 platos semanales y atención a unos 200 hogares mediante El Viejo de Mi Calle. Estas cifras pertenecen a periodos y programas distintos: no deben sumarse ni interpretarse como cantidad de personas atendidas diariamente.

La experiencia de Naguabo resalta algo esencial: para una persona que no puede salir de su hogar, el acceso a una comida puede depender también de que alguien esté dispuesto a llevarla.

El Comedor de la Kennedy: una labor sostenida desde San Juan

El Comedor de la Kennedy, fundado por el chef Iván Clemente, ofrece alimentos gratuitos y desarrolla entregas y colaboraciones comunitarias. Su página institucional identifica entre los grupos que atiende a niños, adultos mayores y otros sectores que enfrentan inseguridad alimentaria.

Aunque diferentes publicaciones han divulgado cifras de beneficiarios, las cantidades reportadas corresponden a periodos y modalidades distintas. Por rigor editorial, no presentamos aquí una cantidad diaria o semanal como si hubiera sido comprobada para octubre de 2026. Lo que sí documenta la organización es una trayectoria de servicio alimentario iniciada en 2009, sostenida con colaboradores y voluntarios.

El trabajo de una iniciativa como esta requiere mucho más que cocinar. También supone conseguir productos, organizarlos y mantener una operación capaz de llegar a personas de distintas comunidades.

La Fondita de Jesús: alimentación y atención humana en Santurce

La historia de La Fondita de Jesús comenzó en 1984, cuando un pequeño grupo de mujeres visitaba a personas sin hogar en Santurce y compartía sopa, pan y frutas. La organización se incorporó formalmente en 1985 y posteriormente abrió instalaciones para ofrecer desayunos, almuerzos y servicios complementarios.

Con el tiempo, su trabajo incluyó higiene, ropa, lavandería y otras formas de acompañamiento. Su trayectoria recuerda que recibir comida puede ser una necesidad urgente, pero no es la única dificultad que atraviesan quienes carecen de vivienda estable. La continuidad de los servicios y el trato respetuoso son parte de la labor comunitaria.

Comedor Las Titis: ayuda desde Piñones, Loíza

Piñones Aprende y Emprende (PAYE), organización comunitaria de Torrecilla Baja, Loíza, combina educación, desarrollo social y programas de apoyo a familias y personas mayores. Entre sus iniciativas figura el Comedor Comunitario Las Titis.

En su sección oficial de resultados, PAYE informa que Las Titis sirvió 4,430 almuerzos durante 2025. Es una cifra anual, no un promedio diario. La organización también desarrolla espacios de encuentro y acompañamiento comunitario, de modo que el servicio alimentario forma parte de un esfuerzo más amplio por el bienestar del vecindario.

Imagen de archivo de trabajadores de Cruz Roja distribuyendo suministros en Utuado en 2017
Archivo histórico, 2017: Voluntarios de la Cruz Roja Americana entregan ayuda a residentes en Utuado tras el huracán María. Foto: sargento Richard Colletta / Ejército de Estados Unidos / DVIDS, 5 de octubre de 2017. Fuente oficial. No representa operaciones actuales de las organizaciones reseñadas.

Banco de Alimentos de Puerto Rico: una red para distribuir alimentos

El Banco de Alimentos de Puerto Rico desempeña una función diferente de la de los comedores. Reúne y distribuye alimentos por medio de una red de aproximadamente 130 organizaciones miembros, con alcance en los 78 municipios, según informa en su sitio oficial.

Sus programas están dirigidos a niños, universitarios, adultos mayores, familias y personas con otras necesidades. Esta red permite que una donación de productos llegue a organizaciones que conocen de cerca a las comunidades. Su funcionamiento depende de almacenamiento, transporte, coordinación, voluntariado y donaciones.

Es importante distinguir los alimentos distribuidos de las comidas preparadas: las libras de productos entregados por un banco de alimentos no equivalen a un recuento de platos efectivamente servidos.

Un reconocimiento a quienes hacen posible la ayuda

La continuidad de estas iniciativas depende de trabajadores y voluntarios que preparan alimentos, organizan almacenes, reciben donativos, conducen vehículos y realizan entregas. También depende de agricultores, comerciantes, empresas y ciudadanos que contribuyen según sus posibilidades. Muchos de ellos no aparecen en las noticias, pero forman parte indispensable de los resultados que las organizaciones comunican.

El Centro Madre Teresa de Calcuta, El Comedor de la Kennedy, La Fondita de Jesús, Piñones Aprende y Emprende y el Banco de Alimentos de Puerto Rico son cinco ejemplos de una labor que se desarrolla de distintas maneras a través de Puerto Rico. Hay muchas otras iniciativas no gubernamentales que también merecen reconocimiento.

Estas organizaciones no resuelven por sí solas la inseguridad alimentaria ni sustituyen la necesidad de respuestas sociales más amplias. Sí aportan ayuda concreta y muestran lo que puede conseguirse cuando distintas personas se organizan para atender una necesidad compartida.

Cómo puedes ayudar

Quienes deseen colaborar pueden consultar los canales oficiales de cada entidad para conocer qué alimentos, recursos o tareas voluntarias necesitan en este momento. Antes de hacer una entrega o acudir a sus instalaciones, conviene confirmar horarios y procedimientos.

• Centro Madre Teresa de Calcuta: https://www.cmtcpr.org/

• El Comedor de la Kennedy: https://elcomedordelakennedy.com/

• La Fondita de Jesús: https://www.lafonditadejesus.org/

• Piñones Aprende y Emprende: https://www.payepr.org/

• Banco de Alimentos de Puerto Rico: https://alimentospr.org/

Un agradecimiento que merece hacerse público

Reconocer estas organizaciones es reconocer a las personas que sostienen sus servicios y a las comunidades que los reciben. Desde 60+ Y Todavía… expresamos nuestro agradecimiento a sus equipos, voluntarios, donantes y colaboradores por su compromiso con la alimentación y el bienestar de otras personas en Puerto Rico.

Referencias verificadas

1. WALO Radio (22 de septiembre de 2026). Reconocimiento al Centro Madre Teresa de Calcuta y datos de almuerzos. Consultar fuente.

2. El Comedor de la Kennedy. Perfil institucional de Iván Clemente y servicios. Consultar fuente.

3. La Fondita de Jesús. Historia institucional, desde 1984. Consultar fuente.

4. PAYE. Impacto y resultados 2025. Consultar fuente.

5. Banco de Alimentos de Puerto Rico. Programas, red de miembros y cobertura. Consultar fuente.

6. DVIDS. Fotografía de Naguabo, 2 de noviembre de 2017. Consultar fuente.

7. DVIDS. Fotografía de Utuado, 5 de octubre de 2017. Consultar fuente.

SEGUNDA EDICIÓN

Reflexiones

Cuatro reflexiones para leer con calma y una nueva entrega de Cartas de Paul.

Fotografía aprobadaVer imagen en Pexels ↗
Mujer mayor pintando en un espacio interior
DESCUBRIR NUEVAS CAPACIDADES

Todavía podemos sorprendernos de nosotros mismos

La curiosidad puede ayudarnos a descubrir intereses y habilidades en cualquier etapa de la vida.

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REFLEXIONES · EDICIÓN 2

Todavía podemos sorprendernos de nosotros mismos

60+ Y Todavía… · Reflexión editorial

Fotografía ilustrativa: Ron Lach / Pexels. Fuente y licencia ↗

Llega un momento en la vida en que creemos conocernos bastante bien. Sabemos lo que nos gusta, lo que no nos interesa, lo que hacemos bien y aquello para lo que pensamos que nunca tuvimos talento. Después de tantos años tomando decisiones, trabajando, formando una familia, enfrentando problemas y acumulando experiencias, parece lógico pensar que ya no quedan demasiadas sorpresas por descubrir dentro de nosotros.

Pero no siempre es así.

A veces basta con aceptar una invitación, entrar a un lugar nuevo o intentar algo que nunca habíamos considerado para descubrir una capacidad, un interés o una forma distinta de disfrutar la vida.

Hay personas que comienzan a pintar después de los sesenta. Otras descubren que les gusta la fotografía, aprenden a tocar un instrumento, se interesan por la tecnología, empiezan a escribir, se atreven a viajar solas o encuentran una actividad que nunca imaginaron que pudiera entusiasmarles. También ocurre algo menos visible: cambiamos de opinión, dejamos atrás prejuicios, aprendemos a disfrutar cosas que antes ignorábamos o descubrimos que podemos relacionarnos con otras personas de una manera distinta.

Nada de eso significa convertirnos en alguien completamente nuevo.

Significa reconocer que todavía no estamos terminados.

Durante muchos años podemos vivir condicionados por horarios, responsabilidades y obligaciones. A veces no sabemos si algo nos gusta porque nunca tuvimos tiempo de probarlo. Otras veces descartamos ciertas experiencias porque pensamos que “eso no es para mí”.

Con los años también podemos ganar algo importante: mayor libertad para elegir.

Ya no tenemos que demostrar tanto. Podemos probar algo simplemente porque nos interesa. Podemos comenzar sin necesidad de ser los mejores. Podemos abandonar una actividad si no nos gusta y buscar otra sin sentir que hemos fracasado.

Quizás una de las ventajas de esta etapa sea precisamente esa: conocernos lo suficiente para saber quiénes somos, pero mantener la curiosidad necesaria para descubrir quiénes todavía podemos ser.

Porque cumplir años no significa que nuestra historia personal esté completamente escrita.

Todavía podemos encontrarnos con partes de nosotros mismos que no conocíamos.

Todo puede tener un propósito — Abrir o cerrar
REFLEXIONES · EDICIÓN 2

Todo puede tener un propósito

60+ Y Todavía… · Reflexión editorial

Fotografía ilustrativa: Greta Hoffman / Pexels. Fuente y licencia ↗

Durante muchos años aprendemos a medir buena parte de lo que hacemos por su utilidad.

Trabajamos para producir. Estudiamos para progresar. Organizamos el tiempo para cumplir responsabilidades. Incluso muchas de nuestras actividades personales terminan acompañadas de una pregunta: ¿para qué sirve?

Quizás llega un momento en que podemos permitirnos hacer algunas cosas sin tener que justificar su valor en términos de productividad.

Leer una novela porque nos entretiene. Caminar porque disfrutamos hacerlo. Aprender unas palabras de otro idioma aunque no tengamos ningún viaje programado. Sembrar algo en el patio. Cocinar una receta nueva. Escuchar música durante una hora. Ir a conocer un pueblo que nunca hemos visitado. Tomar fotografías sin intención de publicarlas. Sentarnos a conversar con alguien sin mirar constantemente el reloj.

Todo eso también tiene un propósito.

Puede producir curiosidad, tranquilidad, entusiasmo, alegría o simplemente ofrecernos un momento que disfrutamos.

Tampoco todo tiene que generar dinero, reconocimiento o algún tipo de beneficio visible para tener valor.

Durante décadas, las obligaciones pueden ocupar tanto espacio que terminamos acostumbrándonos a justificar nuestro tiempo. Nos sentimos productivos cuando terminamos una tarea, resolvemos un problema o cumplimos una responsabilidad. Pero disfrutar también forma parte de una vida completa.

Eso no significa dejar de tener metas. Podemos seguir emprendiendo, aprendiendo, trabajando, creando proyectos y haciendo planes. La diferencia está en no exigir que cada hora del día tenga que demostrar su utilidad de la misma manera.

Hay actividades que quizás nunca llevemos a dominar. Podemos tomar clases de pintura y no convertirnos en artistas. Podemos aprender piano y nunca tocar frente a un público. Podemos escribir páginas que nadie llegue a leer.

Y aun así habrá valido la pena.

Porque hacer algo que nos interesa también cumple un propósito: nos mantiene curiosos, activos, conectados con nosotros mismos y con lo que todavía queremos experimentar.

A veces, la mejor respuesta a la pregunta “¿para qué haces eso?” puede ser simplemente:

Porque me hace bien.

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REFLEXIONES · EDICIÓN 2

También podemos cambiar de opinión

60+ Y Todavía… · Reflexión editorial

Fotografía ilustrativa: SHVETS production / Pexels. Fuente y licencia ↗

Con los años acumulamos experiencias, convicciones y maneras de hacer las cosas. Algunas nos acompañan durante décadas. Sabemos qué nos gusta, qué evitamos, en qué creemos y cómo preferimos organizar nuestra vida.

Pero conocer bien quiénes somos no significa quedarnos exactamente iguales para siempre.

También podemos cambiar de opinión.

Podemos descubrir que algo que antes rechazábamos ahora nos interesa. Podemos modificar una rutina, aprender a utilizar una tecnología que nunca imaginamos necesitar, cambiar nuestra manera de relacionarnos con otras personas o reconocer que una idea que defendimos durante mucho tiempo ya no nos representa de la misma manera.

Eso no borra nuestra historia.

Al contrario, demuestra que seguimos pensando.

A veces sentimos que cambiar de opinión equivale a contradecirnos. Pero no siempre es así. Muchas veces significa que hemos vivido lo suficiente para mirar una situación desde otro ángulo, que hemos escuchado otras experiencias o que simplemente ahora queremos algo diferente.

También cambian nuestros gustos. Una persona que nunca tuvo paciencia para leer puede descubrir el placer de un libro. Alguien que evitaba viajar puede comenzar a disfrutarlo. Podemos acercarnos a personas con las que antes pensábamos que no teníamos nada en común o interesarnos por temas que durante años nos parecieron ajenos.

No tenemos que justificar cada cambio.

Tampoco tenemos que permanecer fieles a versiones antiguas de nosotros mismos solo porque fueron importantes durante mucho tiempo.

Seguir siendo nosotros no significa repetir siempre las mismas decisiones.

Significa conservar aquello que consideramos esencial y permitirnos revisar lo demás.

Quizás una de las formas más claras de seguir creciendo sea precisamente esa: poder decir, sin vergüenza y sin sentir que hemos perdido algo,

“Antes pensaba de una manera. Hoy pienso distinto.”

También hace bien recordar — Abrir o cerrar
REFLEXIONES · EDICIÓN 2

También hace bien recordar

60+ Y Todavía… · Reflexión editorial

Fotografía ilustrativa: Jessika Arraes / Pexels. Fuente y licencia ↗

Recordar puede ser una de las experiencias más gratificantes de esta etapa de la vida.

Una canción puede devolvernos de inmediato a un lugar. Una fotografía puede hacernos recordar una conversación que creíamos olvidada. El olor de una comida puede transportarnos a la cocina de nuestros padres o abuelos. Un nombre puede traer de regreso una amistad, una escuela, un viaje o una época completa de nuestra vida.

No todos los recuerdos producen la misma sensación. Algunos pueden doler, otros pueden provocar tristeza y hay experiencias que preferimos no visitar con frecuencia. Pero también existen recuerdos que nos hacen sonreír, que nos reconectan con personas importantes y que nos permiten reconocer todo lo que hemos vivido.

Recordar no significa vivir en el pasado.

Podemos disfrutar una memoria sin desear regresar a aquella época. Podemos mirar una fotografía de hace cuarenta años, reírnos de cómo vestíamos, recordar a quienes estaban con nosotros y luego continuar con nuestro día.

Los recuerdos también pueden ayudarnos a mantener vivas historias familiares que de otra manera podrían perderse. Contarle a un nieto cómo era nuestro barrio, cómo conocimos a una persona importante, qué hacíamos para divertirnos o cómo eran ciertas costumbres permite que parte de nuestra experiencia continúe en otra generación.

Y muchas veces, al recordar, descubrimos detalles de nuestra propia vida que habíamos dejado de valorar.

Nos damos cuenta de cuántas cosas hemos superado. De las personas que estuvieron presentes. De los momentos sencillos que terminaron siendo importantes. De decisiones que cambiaron nuestro rumbo sin que en aquel momento comprendiéramos cuánto significarían.

Por eso también puede ser saludable reservar espacio para recordar.

Mirar fotografías antiguas. Escuchar música de otras épocas. Conversar con hermanos o amigos sobre momentos compartidos. Escribir alguna historia familiar. Volver a visitar un lugar que tuvo significado.

No para quedarnos allí.

Sino para reconocer que todo eso también forma parte de quienes somos hoy.

A veces mirar hacia atrás no nos detiene.

También puede ayudarnos a apreciar mejor el camino recorrido.

No soy joven, pero sigo vivo — Abrir o cerrar
CARTAS DE PAUL · EDICIÓN 2

No soy joven, pero sigo vivo

— Paul | Cartas de Paul

Fotografía ilustrativa: Tima Miroshnichenko / Pexels. Fuente y licencia ↗

No soy joven. No lo digo con tristeza ni con resignación. Lo digo como un hecho. Lo noto en la forma en que me levanto cada mañana, en cómo organizo el día, en las pausas que ahora necesito y que antes ni siquiera registraba. El cuerpo avisa, la mente también, y ya no discuto con eso.

Durante un tiempo, reconocerlo me pesó. Sentía que todo lo importante ya había pasado, que las decisiones grandes estaban tomadas y que lo mejor había quedado atrás. Me instalé, casi sin darme cuenta, en la idea de que lo que venía era solo repetición. Días parecidos, rutinas previsibles, una vida sin demasiadas novedades. Esa idea no apareció de golpe; la fui construyendo poco a poco.

Empecé a compararme con lo que fui. Con la energía que tenía, con la rapidez para resolver, con esa seguridad de creer que todo estaba por delante. Miraba hacia atrás más de lo que miraba el presente. Y comparar el presente con el pasado es una trampa silenciosa. Casi siempre se pierde, porque el pasado se recuerda mejor de lo que fue y el presente se juzga con demasiada dureza.

Hubo días en que me sentí fuera de lugar. Conversaciones que ya no seguía igual, temas que no me interesaban, ritmos que no eran los míos. Espacios donde me pregunté, en silencio, qué hacía allí. No fue rechazo hacia los demás. Fue distancia. Una distancia que apareció sin ruido, pero que se hizo sentir.

Al principio pensé que algo se estaba apagando en mí. Que estaba perdiendo conexión con la vida. Que ya no encajaba. Esa sensación fue incómoda, porque nadie quiere sentirse sobrante en su propia historia. Pero con el tiempo empecé a notar algo distinto.

Aunque no era joven, seguía sintiendo. Seguía reaccionando. Seguía afectándome lo que pasaba a mi alrededor. La vida no se había apagado. Solo había cambiado de intensidad. Ya no todo me entusiasmaba como antes, pero lo que sí lo hacía, lo hacía de verdad. Con menos ruido y más claridad.

Empecé a entender que estar vivo no tiene que ver con correr ni con aparentar juventud, ni con demostrar nada. Tiene que ver con estar presente. Con prestar atención a una conversación, con escuchar sin apuro, con disfrutar un momento sencillo sin necesidad de explicarlo. Tiene que ver con aceptar la tristeza cuando llega, con reír cuando aparece, con no preguntarse todo el tiempo si corresponde.

Vi personas jóvenes apagadas, cansadas por dentro, desconectadas de lo que hacen. Y vi personas mayores llenas de vida, no porque hicieran más cosas, sino porque estaban más presentes en las que hacían. Eso me ayudó a entender que no es una cuestión de edad.

No soy joven, pero sigo curioso. Sigo interesado en comprender, en observar, en aprender cosas nuevas, aunque sean pequeñas. Sigo conmovido por algunas situaciones, por ciertos gestos, por palabras que llegan en el momento justo. Sigo teniendo preguntas. Y mientras haya preguntas, hay vida.

Hoy no necesito demostrar que sigo siendo el de antes. No lo soy, y está bien. Esa versión cumplió su función y me trajo hasta aquí. No tengo que sostenerla artificialmente. Sigo vivo de otra manera, más consciente, más selectiva, más real. Con menos ruido y más sentido. Con menos urgencia y más atención.

No soy joven. Pero estoy aquí. Y mientras esté aquí, con capacidad de sentir, de preguntar, de conmoverme, la vida sigue ocurriendo. No como antes. Como ahora. Y eso, hoy, me alcanza.

— Paul

SEGUNDA EDICIÓN

Vivir Mejor

Información útil para vivir mejor después de los 60. Nuestro reportaje principal aborda cómo reconocer las estafas y proteger nuestra tranquilidad.

Un teléfono muestra una alerta de posible fraude
VIVIR MEJOR · REPORTAJE PRINCIPAL

Cómo reconocer una estafa antes de caer en ella

Los delincuentes utilizan llamadas, mensajes, redes sociales y nuevas tecnologías para obtener dinero e información personal. Conocer sus métodos, aprender a detenerse y verificar antes de actuar puede evitar pérdidas económicas y situaciones emocionalmente difíciles.

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VIVIR MEJOR · REPORTAJE 1

Dormir mejor después de los 60

Despertarse varias veces durante la noche, tardar en conciliar el sueño o levantarse demasiado temprano son experiencias comunes entre los adultos mayores. Aunque el descanso puede cambiar con la edad, dormir mal no debe aceptarse como una consecuencia inevitable del envejecimiento.

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VIVIR MEJOR · REPORTAJE 2

Caminar sigue siendo uno de los mejores ejercicios

No hace falta recorrer grandes distancias ni caminar a gran velocidad para comenzar a beneficiarse del movimiento. Caminar regularmente, a un ritmo y una intensidad adaptados a nuestras capacidades, puede contribuir a mantener la salud, conservar la independencia y mejorar nuestra calidad de vida.

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Mantenerse estable al caminar, levantarse de una silla o subir un escalón es fundamental para conservar la independencia. Trabajar el equilibrio y la fuerza muscular puede ayudarnos a movernos con mayor seguridad, conservar la estabilidad y reducir el riesgo de caídas.

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VIVIR MEJOR · REPORTAJE 5

Pasar tiempo al aire libre también forma parte del bienestar

Disfrutar de un jardín, conversar en una plaza, visitar un parque o simplemente sentarse bajo la sombra de un árbol puede aportar beneficios a nuestra vida cotidiana. Mantener el contacto con nuestro entorno y encontrar oportunidades para salir de casa también constituye una forma de cuidar nuestra salud y nuestro bienestar emocional.

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Pareja mayor conversando y sonriendo en un ambiente interior
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Oír mejor también mejora la conversación

Escuchar no consiste solamente en percibir sonidos. También significa comprender lo que otras personas nos dicen, participar en las conversaciones y mantener el contacto con quienes nos rodean. Cuando aparecen dificultades auditivas, reconocerlas y buscar orientación puede mejorar considerablemente nuestra comunicación y nuestra vida cotidiana.

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VIVIR MEJOR · REPORTAJE 7

Mantener la mente ocupada sin convertirlo en una obligación

Leer, aprender algo nuevo, conversar, escuchar música o participar en actividades creativas puede contribuir a nuestro bienestar. Sin embargo, mantener la mente activa no significa llenar cada momento del día con tareas. Encontrar actividades que disfrutemos, respetar nuestros intereses y permitirnos descansar también forma parte de una vida saludable.

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SEGUNDA EDICIÓN · VIVIR MEJOR · REPORTAJE 7

Mantener la mente ocupada sin convertirlo en una obligación

Leer, aprender algo nuevo, conversar, escuchar música o participar en actividades creativas puede contribuir a nuestro bienestar. Sin embargo, mantener la mente activa no significa llenar cada momento del día con tareas. Encontrar actividades que disfrutemos, respetar nuestros intereses y permitirnos descansar también forma parte de una vida saludable.

Mujer mayor leyendo un libro en su hogar
Fotografía ilustrativa: Anna Shvets / Pexels · Fotografía original y condiciones de uso ↗

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Oír mejor también mejora la conversación

Escuchar no consiste solamente en percibir sonidos. También significa comprender lo que otras personas nos dicen, participar en las conversaciones y mantener el contacto con quienes nos rodean. Cuando aparecen dificultades auditivas, reconocerlas y buscar orientación puede mejorar considerablemente nuestra comunicación y nuestra vida cotidiana.

Pareja mayor conversando y sonriendo en un ambiente interior
Fotografía ilustrativa: cottonbro studio / Pexels · Fotografía original y condiciones de uso ↗

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Pasar tiempo al aire libre también forma parte del bienestar

Disfrutar de un jardín, conversar en una plaza, visitar un parque o simplemente sentarse bajo la sombra de un árbol puede aportar beneficios a nuestra vida cotidiana. Mantener el contacto con nuestro entorno y encontrar oportunidades para salir de casa también constituye una forma de cuidar nuestra salud y nuestro bienestar emocional.

Pareja mayor sentada en un banco rodeado de árboles
Fotografía ilustrativa: Anastasia Shuraeva / Pexels · Fotografía original y condiciones de uso ↗

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Cómo reconocer una estafa antes de caer en ella

Los delincuentes utilizan llamadas, mensajes, redes sociales y nuevas tecnologías para obtener dinero e información personal. Conocer sus métodos, aprender a detenerse y verificar antes de actuar puede evitar pérdidas económicas y situaciones emocionalmente difíciles.

Un teléfono muestra una alerta de posible fraude
Fotografía ilustrativa: RDNE Stock project / Pexels · Fotografía original y condiciones de uso ↗

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El equilibrio también se entrena

Mantenerse estable al caminar, levantarse de una silla o subir un escalón es fundamental para conservar la independencia. Trabajar el equilibrio y la fuerza muscular puede ayudarnos a movernos con mayor seguridad, conservar la estabilidad y reducir el riesgo de caídas.

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Caminar sigue siendo uno de los mejores ejercicios

No hace falta recorrer grandes distancias ni caminar a gran velocidad para comenzar a beneficiarse del movimiento. Caminar regularmente, a un ritmo y una intensidad adaptados a nuestras capacidades, puede contribuir a mantener la salud, conservar la independencia y mejorar nuestra calidad de vida.

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SEGUNDA EDICIÓN · VIVIR MEJOR · REPORTAJE 1

Dormir mejor después de los 60

Despertarse varias veces durante la noche, tardar en conciliar el sueño o levantarse demasiado temprano son experiencias comunes entre los adultos mayores. Aunque el descanso puede cambiar con la edad, dormir mal no debe aceptarse como una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Hombre mayor descansando en la cama
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SEGUNDA EDICIÓN

Cultura y Ocio

Historia, música, tradiciones y lectura: cuatro reportajes para descubrir y disfrutar.

Postal histórica del Teatro Yagüez de Mayagüez, c. 1922

CULTURA Y OCIO · REPORTAJE 1

Los cines de antes

Los antiguos cines como espacios de encuentro y entretenimiento en los pueblos de Puerto Rico.

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Cuatro puertorriqueño moderno de diez cuerdas

CULTURA Y OCIO · REPORTAJE 2

Nuestra música, nuestra historia

De la bomba y la música jíbara a la salsa, una mirada a nuestro patrimonio musical.

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Máscara tradicional de vejigante de Loíza, Puerto Rico

CULTURA Y OCIO · REPORTAJE 3

Las máscaras de Loíza: arte, tradición e identidad

Una tradición de profunda raíz cultural afropuertorriqueña que continúa viva.

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Mujer leyendo un libro

CULTURA Y OCIO · REPORTAJE 4

El placer de leer: libros e historias que nos acompañan

Libros impresos, digitales y audiolibros como alternativas de entretenimiento.

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Los cines de antes — Abrir o cerrar

CULTURA Y OCIO · EDICIÓN 2

Los cines de antes

Durante buena parte del siglo XX, ir al cine fue una de las actividades de entretenimiento que reunieron a familias, amistades y parejas en los pueblos de Puerto Rico. Las películas eran importantes, pero también lo eran la salida, el encuentro con otras personas y la experiencia de compartir una función. Recordar aquellos establecimientos nos permite conocer una parte de nuestra historia cultural y comprender cuánto ha cambiado nuestra manera de disfrutar el cine.

Cuando ir al cine era un acontecimiento

Hubo una época en que, para disfrutar de una película, había que salir de la casa y acudir a una sala cinematográfica. No existían los servicios de películas por internet ni los teléfonos desde los cuales hoy podemos seleccionar miles de producciones. Los espectadores dependían de las películas que llegaban a los establecimientos y de los horarios que estos ofrecían.

La experiencia comenzaba con la elección de la película y la organización de la salida. Algunas personas asistían acompañadas de familiares, otras se reunían con amistades y las parejas encontraban en el cine una alternativa para compartir tiempo juntas. La actividad no consistía únicamente en sentarse frente a una pantalla. También significaba acudir a un espacio de entretenimiento donde coincidían personas de la misma comunidad.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el desarrollo de establecimientos cinematográficos permitió que las películas llegaran con mayor regularidad a distintas poblaciones puertorriqueñas. Según la investigación histórica de Luciano Castillo, las exhibiciones iniciales habían sido ocasionales y, en muchos casos, dependían de empresarios que trasladaban equipos y películas de una localidad a otra. Con el establecimiento de salas más permanentes, el cine fue adquiriendo una presencia reconocible dentro de la vida cultural del país.

No todos los pueblos contaban con las mismas instalaciones ni ofrecían idénticas alternativas. Algunos establecimientos eran modestos, mientras otros ocupaban edificios diseñados para recibir numerosos espectadores. Lo importante es que hicieron posible una experiencia colectiva de entretenimiento que numerosas generaciones pudieron conocer.

El cine como punto de encuentro

Una característica importante de los antiguos cines era la oportunidad de compartir la experiencia con otras personas. Aunque todos acudían para observar la misma película, las reacciones del público podían convertirse en parte del espectáculo. Las escenas cómicas provocaban risas y los momentos emocionantes concentraban la atención de los espectadores.

En los pueblos, asistir al cine también ofrecía la posibilidad de coincidir con vecinos, compañeros de estudios o amistades. La conversación sobre la película podía comenzar al finalizar la función y continuar después, cuando las personas se encontraban nuevamente en sus actividades habituales.

Las funciones de la tarde, conocidas como matinés, constituían otra alternativa de exhibición cinematográfica. Permitían disfrutar de una película en horarios diferentes a las presentaciones nocturnas, aunque la programación y las condiciones variaban según el establecimiento.

Las salas cinematográficas también tuvieron una relación con otras actividades culturales. En distintos momentos de la historia puertorriqueña, algunos teatros y cines ofrecieron espectáculos musicales o dramáticos junto con sus presentaciones de películas.

Esto demuestra que los edificios destinados al entretenimiento podían desempeñar varias funciones dentro de una comunidad. La actividad cinematográfica compartía espacio con otras expresiones artísticas y contribuía a ampliar las alternativas disponibles para el público.

Hoy muchas personas disfrutan películas desde sus hogares. Esa posibilidad tiene ventajas evidentes, especialmente por la comodidad y la diversidad de contenidos disponibles. Sin embargo, la experiencia colectiva de una sala de cine sigue siendo diferente, porque reúne físicamente a espectadores que comparten una misma presentación.

El Teatro Yagüez: un edificio que conserva nuestra historia

Postal: Voz de la Patria, Mayagüez · colección Maymón · dominio público en EE. UU. · Fotografía, autor y licencia ↗

Uno de los ejemplos más representativos del patrimonio relacionado con el cine en Puerto Rico es el Teatro Yagüez, ubicado en Mayagüez. Su trayectoria permite apreciar cómo un establecimiento dedicado al entretenimiento puede convertirse también en un edificio de importancia histórica y arquitectónica.

La construcción de su estructura original comenzó en 1907, por iniciativa del empresario Francisco Maymón Palmer. El edificio, diseñado por los hermanos Félix y Julio Medina, fue inaugurado en 1909 y estaba construido en madera.

Durante aquellos primeros años se presentaban películas mudas, obras dramáticas, óperas y zarzuelas. Por tanto, el público no acudía exclusivamente para ver cine, sino que también podía disfrutar otras expresiones culturales.

En junio de 1919, un incendio destruyó el edificio original y ocasionó víctimas mortales. Posteriormente comenzó la reconstrucción, que estuvo a cargo del arquitecto mayagüezano Sabás Honoré y del ingeniero Manuel Font. La nueva estructura fue construida en hormigón e incorporó elementos arquitectónicos que continúan distinguiéndola.

En 1977, el municipio de Mayagüez adquirió el teatro y emprendió trabajos de restauración. En 1985, el inmueble fue incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos de Estados Unidos.

Estos datos, documentados por EnciclopediaPR a partir de registros históricos de conservación, demuestran la relevancia del edificio más allá de su utilización cinematográfica.

La fotografía seleccionada para acompañar este reportaje permite observar el Teatro Yagüez alrededor de 1922, después de la reconstrucción. Es una postal histórica que muestra una parte de la apariencia del establecimiento durante las primeras décadas del siglo XX.

El Teatro Yagüez constituye un ejemplo de cómo la conservación de edificios históricos puede ayudarnos a conocer las costumbres y actividades culturales de generaciones anteriores.

Las películas que disfrutaron distintas generaciones

Durante el siglo XX, las salas cinematográficas de Puerto Rico ofrecieron producciones realizadas dentro y fuera de la Isla. El público tuvo acceso a películas estadounidenses y a producciones de países de habla hispana, especialmente durante los períodos de crecimiento de la industria cinematográfica mexicana.

La oferta de entretenimiento incluía comedias, aventuras, dramas, romances y películas musicales. Cada género ofrecía experiencias diferentes a los espectadores y contribuía a ampliar sus opciones para disfrutar del tiempo libre.

La presencia de películas mexicanas en el mercado puertorriqueño está documentada en la investigación de Luciano Castillo sobre la historia del cine en la Isla. El investigador explica que las relaciones cinematográficas con México adquirieron importancia para diferentes iniciativas de producción y distribución durante el siglo XX.

Las películas también permitieron que artistas y personajes alcanzaran reconocimiento fuera de sus países de origen. Las actuaciones, la música y las historias presentadas en pantalla podían convertirse en temas de conversación entre espectadores de distintas edades.

Una película que algunas personas disfrutaron durante su juventud podía volver a despertar interés muchos años después. De esa manera, el cine también contribuyó a crear referencias culturales compartidas entre generaciones.

Conviene recordar, además, que los gustos de los espectadores siempre han sido diversos. No todas las personas preferían los mismos géneros ni acudían a las salas por idénticas razones. Para unas, lo más atractivo era una comedia; para otras, una historia romántica, una aventura o una producción musical.

Esa variedad forma parte de la riqueza cultural del cine y explica por qué una misma actividad podía atraer públicos con intereses diferentes.

Puerto Rico también contó sus propias historias en la pantalla

La historia cinematográfica de Puerto Rico incluye algo más que los establecimientos donde se exhibían películas extranjeras. También comprende el trabajo de realizadores, actores, músicos y técnicos que contribuyeron a desarrollar producciones propias.

Uno de los proyectos más importantes de mediados del siglo XX fue la División de Educación de la Comunidad, conocida como DIVEDCO. Esta entidad desarrolló producciones cinematográficas destinadas a presentar asuntos educativos, culturales y sociales.

Entre los cineastas vinculados con su trabajo estuvo Jack Delano, quien también se destacó como fotógrafo y compositor.

Una de sus producciones más conocidas fue Los peloteros, de 1951, con la participación del actor puertorriqueño Ramón Rivero, conocido como Diplo.

La película cuenta la historia de un grupo de niños que realiza diferentes actividades para reunir dinero y conseguir uniformes para su equipo de béisbol. El argumento destaca la cooperación y la participación comunitaria.

La Universidad de Columbia conserva un registro audiovisual de esta película dentro de los documentos de Jack e Irene Delano. El archivo identifica a Delano como director, a la DIVEDCO como entidad productora y a Ramón Rivero entre los integrantes del reparto.

La música también ocupó un lugar importante en las producciones de la DIVEDCO.

El investigador Francisco González Miranda documentó la participación de destacados compositores puertorriqueños en las bandas sonoras de sus películas. Entre ellos figuraron Jack Delano, Amaury Veray y Héctor Campos Parsi.

Otras producciones incorporaron expresiones de la música tradicional puertorriqueña. Un ejemplo es Trulla, de 1951, que contó con la participación de intérpretes de música campesina como Ramito, La Calandria, Maso Rivera y Chuíto el de Bayamón.

Estos trabajos tienen valor porque ofrecen registros audiovisuales de artistas, expresiones musicales y aspectos de la sociedad puertorriqueña de aquella época.

La conservación de esas películas también permite que nuevas generaciones conozcan una parte de nuestra trayectoria cinematográfica.

Cómo cambió nuestra manera de ver películas

Actualmente, muchas personas disfrutan del cine sin necesidad de trasladarse a una sala. Los televisores, las computadoras, las tabletas y los teléfonos permiten acceder a una gran variedad de producciones.

La posibilidad de detener una película, continuar viéndola más tarde o seleccionar contenidos de diferentes países forma parte de las facilidades que ofrece la tecnología.

Las costumbres audiovisuales, sin embargo, han experimentado cambios durante varias generaciones.

Una transformación importante ocurrió con la llegada de la televisión comercial a Puerto Rico en 1954.

Según EnciclopediaPR, WKAQ-TV, canal 2, comenzó su programación regular en marzo de aquel año y WAPA-TV, canal 4, lo hizo en mayo. La televisión abrió nuevas posibilidades para disfrutar de programas, comedias, noticias y películas desde el hogar.

Con el paso del tiempo aparecieron otras alternativas de entretenimiento audiovisual, entre ellas los equipos de reproducción de video, los servicios de televisión por cable y, posteriormente, las plataformas digitales.

Paralelamente, también evolucionaron los establecimientos cinematográficos. Los complejos con múltiples salas y nuevas tecnologías de proyección ofrecieron experiencias diferentes a las de muchos cines tradicionales.

Sería incorrecto atribuir la transformación o desaparición de todos los antiguos establecimientos a una sola causa. Las condiciones comerciales, los cambios urbanos, la competencia y las posibilidades económicas variaron entre negocios y localidades.

Lo que sí podemos reconocer es que las personas comenzaron a disponer de una mayor diversidad de medios para disfrutar películas, y eso modificó sus hábitos de entretenimiento.

Ninguna de estas modalidades elimina necesariamente el valor de las demás. Podemos apreciar una película desde nuestro hogar y, al mismo tiempo, disfrutar de la experiencia de asistir a una sala cinematográfica.

Los recuerdos que todavía podemos recuperar

La historia de los cines no se conserva únicamente mediante fechas, edificios y documentos. También existe una dimensión personal que merece atención: las experiencias de quienes acudieron a aquellos establecimientos.

Muchas personas recuerdan el nombre de un cine de su pueblo, su ubicación o alguna película que les causó una impresión especial. Otras pueden recordar una salida con familiares, una función de tarde o el lugar donde se reunían con sus amistades.

Esos testimonios son valiosos como memoria personal y comunitaria, aunque deben distinguirse de los acontecimientos históricos que pueden confirmarse mediante documentos.

Conversar con familiares y vecinos sobre los antiguos cines puede ser una actividad interesante para compartir entre generaciones.

Podemos preguntarles cuáles establecimientos conocieron, cómo eran sus instalaciones, qué películas recuerdan y con quiénes acostumbraban asistir.

También podemos investigar si conservan fotografías, entradas, anuncios u otros materiales relacionados con aquellas actividades.

Cuando una persona cuenta que asistía regularmente a un determinado cine, está compartiendo una experiencia propia. Cuando menciona una fecha de construcción o un acontecimiento histórico, es conveniente contrastar esa información con fuentes documentales antes de presentarla como un dato confirmado.

Esta diferencia resulta importante para conservar una memoria cultural que sea, al mismo tiempo, humana y rigurosa.

Los recuerdos de las personas pueden despertar preguntas que conduzcan a nuevas investigaciones sobre edificios, calles y establecimientos que formaron parte de sus comunidades.

Una parte de nuestra historia que merece conservarse

Los cines tradicionales ocuparon un lugar importante en la evolución del entretenimiento en Puerto Rico.

Su trayectoria está relacionada con los cambios tecnológicos, las actividades culturales y la transformación de las costumbres de diferentes generaciones.

Los edificios históricos, las películas conservadas en archivos y las investigaciones documentales permiten conocer aspectos de aquella época. Los recuerdos de quienes asistieron a las salas añaden otra perspectiva sobre lo que significaba disfrutar una película en compañía de otras personas.

Hoy contamos con una amplia variedad de alternativas audiovisuales. Estos avances nos ofrecen nuevas posibilidades para aprender, entretenernos y compartir contenidos.

Pero conocer la historia de los antiguos cines también tiene valor. Nos ayuda a comprender cómo se organizaba el entretenimiento, qué espacios reunían a las comunidades y qué expresiones culturales formaban parte de sus actividades habituales.

Recordar los cines de antes no significa afirmar que el pasado fue mejor. Significa reconocer una etapa de nuestra historia cultural y conservar el conocimiento de aquellos establecimientos que formaron parte de la vida de tantos puertorriqueños.

Referencias

1. Castillo, Luciano. (2011). «Historia del cine puertorriqueño». Diccionario del Cine Iberoamericano, tomo 7, pp. 110–117. SGAE. Versión digital publicada el 2 de agosto de 2015 en Ibermedia Digital. https://ibermediadigital.com/ibermedia-television/contexto-historico/historia-del-cine-puertorriqueno/

2. Grupo Editorial EPR. (2010, 8 de enero). «Mayagüez: Teatro Yagüez». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. Basado en documentación del Registro Nacional de Lugares Históricos. https://enciclopediapr.org/content/mayaguez-teatro-yaguez/

3. González Miranda, Francisco. (2014, 12 de septiembre). «Música en el cine de la DIVEDCO». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. Revisado en 2021. https://enciclopediapr.org/content/musica-cine-divedco/

4. Grupo Editorial EPR. (2020, revisión del 19 de noviembre). «Breve historia de la televisión en Puerto Rico». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. https://enciclopediapr.org/content/breve-historia-television-de-puerto-rico/

5. Columbia University, Rare Book & Manuscript Library. (1951, fecha de la obra). Los Peloteros. Ficha del registro audiovisual, colección Jack and Irene Delano Papers. https://dlc.library.columbia.edu/time_based_media/10.7916/6cb0-5323

Créditos y fuentes

Teatro Yagüez, Mayagüez, Puerto Rico, aproximadamente en 1922. Postal histórica publicada por Voz de la Patria, Mayagüez. Procedencia: colección de documentos de la familia Maymón. Wikimedia Commons. Imagen identificada como dominio público en Estados Unidos.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Teatro_Yaguez-1920.jpg

Nuestra música, nuestra historia — Abrir o cerrar

CULTURA Y OCIO · EDICIÓN 2

Nuestra música, nuestra historia

La música puertorriqueña es el resultado de una larga historia de encuentros culturales, creatividad y talento. Desde los instrumentos tradicionales y los ritmos de nuestros pueblos hasta las grandes orquestas y las producciones contemporáneas, sus diferentes expresiones forman parte de la vida cotidiana de generaciones de puertorriqueños. Conocer sus orígenes y evolución nos permite comprender mejor nuestro patrimonio cultural.

La música en nuestra vida cotidiana

La música nos acompaña en numerosas actividades: celebraciones familiares, fiestas patronales, reuniones comunitarias, actividades religiosas y momentos de entretenimiento. También está presente en las emisoras de radio, los conciertos, los medios digitales y las grabaciones que conservamos en nuestros hogares. Para muchas personas, una canción puede estar relacionada con un acontecimiento familiar, un lugar o una etapa determinada de su vida.

Puerto Rico cuenta con una tradición musical especialmente diversa. En ella encontramos expresiones desarrolladas durante siglos, como la bomba, junto a manifestaciones que surgieron posteriormente, como la plena y la salsa. También forman parte de nuestro patrimonio la música jíbara, la danza, los boleros y las composiciones de concierto.

Esta diversidad no surgió de una sola influencia. La historia musical puertorriqueña reúne aportaciones indígenas, africanas, europeas y caribeñas que se incorporaron de diferentes maneras a nuestras costumbres. Algunos instrumentos, como el güiro y las maracas, están vinculados con prácticas musicales indígenas; las tradiciones africanas tuvieron una influencia determinante en los ritmos, el canto y la percusión, mientras que los instrumentos de cuerda y diferentes formas musicales europeas participaron en el desarrollo de otros géneros.

Conocer esas contribuciones ayuda a reconocer que la música puertorriqueña no responde a una fórmula única. Cada género tiene su historia, sus instrumentos y sus intérpretes.

El cuatro puertorriqueño y nuestra música campesina

Entre los instrumentos más representativos de Puerto Rico se encuentra el cuatro. Aunque su forma recuerda a una guitarra, posee características propias que lo distinguen.

El cuatro moderno normalmente tiene diez cuerdas organizadas en cinco pares. Su desarrollo estuvo relacionado con los instrumentos de cuerda que llegaron a la Isla durante la época colonial, pero evolucionó hasta convertirse en un instrumento identificado especialmente con la tradición musical puertorriqueña.

La música jíbara encuentra en el cuatro uno de sus principales acompañamientos. También utiliza instrumentos como la guitarra y el güiro, y se relaciona con géneros tradicionales como el seis y el aguinaldo.

El seis presenta diferentes variantes musicales y ofrece oportunidades para la improvisación de los trovadores. En muchas de sus interpretaciones, el cantante desarrolla versos siguiendo formas poéticas tradicionales, mientras los músicos mantienen el acompañamiento instrumental.

El aguinaldo, por su parte, ocupa un lugar importante en las celebraciones navideñas de Puerto Rico, aunque su repertorio no se limita exclusivamente a temas religiosos o a esa época del año.

La conservación de estas expresiones depende tanto de los intérpretes como de los artesanos que fabrican instrumentos y de las personas que transmiten sus conocimientos a nuevas generaciones.

El cuatro también ha encontrado espacios en otros géneros musicales. Su utilización en determinadas producciones de salsa demuestra que un instrumento tradicional puede incorporarse a nuevas propuestas sin perder su identidad.

NOTA CULTURAL: ¿Por qué se llama cuatro si actualmente tiene diez cuerdas?

El nombre del cuatro puertorriqueño tiene su origen en una versión antigua del instrumento que utilizaba cuatro cuerdas individuales, tradicionalmente elaboradas con tripa animal. Su cuerpo podía presentar una forma característica que recordaba un ojo de cerradura invertido.

Durante el siglo XIX comenzaron a desarrollarse otras variantes. Algunos instrumentos llegaron a tener ocho cuerdas distribuidas en cuatro pares, mientras que posteriormente surgieron modelos con diez cuerdas organizadas en cinco pares. También cambiaron las formas de sus cuerpos y determinados materiales utilizados en su fabricación.

Esta transformación no ocurrió de manera uniforme. Durante varias décadas coexistieron instrumentos de cuatro, ocho y diez cuerdas. Algunos músicos utilizaban distintos modelos según sus preferencias y las composiciones que interpretaban.

Hasta aproximadamente la década de 1930 se mantuvo esa diversidad. La popularidad de intérpretes como Joaquín Rivera, Heriberto Torres y Ladislao Martínez contribuyó a que el cuatro de diez cuerdas, con un cuerpo de forma semejante a un violín, se estableciera como el modelo predominante.

Aunque el instrumento moderno tiene diez cuerdas, conservó su nombre tradicional de cuatro.

La evolución del cuatro está documentada por el Museo Nacional de Historia Estadounidense del Smithsonian, que conserva ejemplares antiguos, incluido uno de cuatro cuerdas adquirido a finales del siglo XIX. EnciclopediaPR también documenta la transformación de sus cuerdas, su construcción y sus formas de afinación.

El instrumento antiguo no desapareció completamente de nuestra historia cultural. La fabricación de reproducciones y la conservación de conocimientos artesanales permiten estudiar cómo eran aquellos modelos.

Conocer esta evolución nos ayuda a comprender por qué diferentes generaciones pueden identificar como cuatro instrumentos que no tienen exactamente la misma cantidad de cuerdas.

Fotografías para acompañar la nota:

Cuatro antiguos: reproducciones de modelos históricos construidas por Emma Dusepo en 2011. Fotografía de Emma Dusepo, Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0.

Cuatro moderno: instrumento puertorriqueño de diez cuerdas. Fotografía de Claireislovely, Wikimedia Commons, licencia CC BY 3.0.

La bomba: una tradición de profunda raíz africana

La bomba constituye una de las expresiones musicales más antiguas de Puerto Rico. Su desarrollo está estrechamente relacionado con las comunidades africanas y afrodescendientes de la Isla durante el período colonial.

Sus características musicales incluyen el canto, la percusión y el baile. Entre sus instrumentos principales se encuentran los barriles o tambores de bomba, el cuá y las maracas.

Una de sus particularidades más interesantes es la relación que se establece entre la persona que baila y el músico que toca el tambor principal. Los movimientos del bailador o la bailadora y las respuestas rítmicas del percusionista forman un diálogo musical que distingue esta tradición.

La bomba comprende diferentes estilos y variantes regionales. Las comunidades de Loíza, Santurce y otras localidades puertorriqueñas han contribuido a conservar prácticas particulares de canto, ejecución instrumental y baile.

Además de su importancia artística, la bomba representa una forma de continuidad cultural. Su práctica ha permitido preservar conocimientos y expresiones que se han transmitido durante generaciones.

Actualmente, agrupaciones y comunidades continúan cultivando esta tradición mediante actividades culturales, talleres y presentaciones. Conocer la bomba significa reconocer una contribución esencial de la herencia africana al desarrollo de nuestra música.

La plena: canciones que contaban lo que sucedía

La plena comenzó a desarrollarse durante los primeros años del siglo XX, particularmente en comunidades trabajadoras de Puerto Rico.

A diferencia de otras expresiones tradicionales, muchas plenas incorporaban relatos sobre acontecimientos cotidianos, experiencias comunitarias y situaciones conocidas por el público. Por esa razón adquirió fama como una forma de narrar musicalmente lo que ocurría en la sociedad.

Su instrumentación tradicional incluye las panderetas o panderos de diferentes tamaños y el güiro. Con el transcurso del tiempo, determinadas agrupaciones incorporaron otros instrumentos.

La plena logró trascender las comunidades donde comenzó a desarrollarse y alcanzó públicos más amplios mediante las presentaciones musicales, las grabaciones y la radio.

Entre los artistas y agrupaciones que contribuyeron a dar mayor difusión a los ritmos afropuertorriqueños estuvieron Rafael Cortijo y su Combo, con la voz de Ismael Rivera.

Su trabajo ayudó a llevar la bomba y la plena a escenarios y medios de comunicación donde esos géneros adquirieron una nueva proyección comercial.

La plena continúa siendo una manifestación cultural viva, interpretada por músicos tradicionales y nuevas agrupaciones. Su historia demuestra cómo una expresión surgida en comunidades trabajadoras llegó a formar parte del patrimonio musical de Puerto Rico.

La danza puertorriqueña: compositores que dejaron una obra duradera

La danza puertorriqueña se desarrolló durante el siglo XIX, especialmente en el ambiente cultural de Ponce. Su evolución estuvo relacionada con diferentes influencias musicales que circulaban por Puerto Rico y otros países del Caribe.

Entre sus principales representantes se encuentran Manuel Gregorio Tavárez y Juan Morel Campos, compositores que contribuyeron decisivamente a definir sus características.

Tavárez desempeñó un papel importante en el desarrollo de la danza como composición para piano. Juan Morel Campos amplió notablemente su repertorio y escribió numerosas obras que también podían interpretarse mediante conjuntos instrumentales y orquestas.

Las danzas puertorriqueñas llegaron a ocupar un lugar destacado tanto en los salones de baile como en las presentaciones musicales.

Aunque hoy no son uno de los géneros predominantes en los bailes populares, sus composiciones continúan interpretándose en conciertos y actividades culturales.

El estudio de estas obras también permite conocer a intérpretes y maestros que contribuyeron a la formación musical del país.

La danza es un ejemplo de cómo una expresión artística puede conservar su importancia histórica incluso cuando cambian las preferencias de entretenimiento del público.

Compositores y canciones que trascendieron nuestras fronteras

Puerto Rico ha contado con compositores cuyas obras alcanzaron reconocimiento fuera de la Isla.

Uno de ellos fue Rafael Hernández Marín, nacido en Aguadilla en 1892. Su trayectoria musical incluyó composiciones de distintos géneros y presentaciones en varios países.

Entre sus obras más conocidas figuran Preciosa, Lamento borincano, Campanitas de cristal, Capullito de alelí y El Cumbanchero.

Su repertorio muestra la amplitud de las posibilidades creativas de un compositor que trabajó con formas musicales diversas.

Otros artistas también contribuyeron a la difusión de la canción puertorriqueña durante el siglo XX. Las emisoras de radio, las grabaciones y las presentaciones en vivo facilitaron que sus interpretaciones llegaran a públicos más numerosos.

El bolero, las canciones románticas y las composiciones populares ocuparon un lugar importante en ese proceso.

El desarrollo de la industria discográfica permitió conservar interpretaciones que actualmente forman parte de la historia musical puertorriqueña. Algunas pueden conocerse mediante grabaciones históricas y colecciones de instituciones culturales.

Recordar estos compositores no significa que todos hayan pertenecido a un mismo estilo. Precisamente, sus diferencias muestran la variedad de nuestra producción musical.

La salsa: Puerto Rico y Nueva York unidos por la música

La salsa adquirió una importancia extraordinaria durante las décadas de 1960 y 1970. Su desarrollo estuvo estrechamente vinculado con la ciudad de Nueva York y con la participación de músicos puertorriqueños y de otras comunidades caribeñas.

Este género reunió influencias del son cubano, otros ritmos afrocaribeños y elementos del jazz, dentro de un ambiente musical en constante transformación.

La relación entre Puerto Rico y Nueva York fue fundamental. Numerosos intérpretes y músicos desarrollaron sus carreras entre ambas localidades y contribuyeron a crear una expresión musical que alcanzó proyección internacional.

Entre las figuras vinculadas con esta historia se encuentran Héctor Lavoe, Willie Colón, Ismael Rivera, Roberto Roena, Bobby Valentín y Andy Montañez.

También tuvieron una participación destacada agrupaciones como El Gran Combo de Puerto Rico y la Sonora Ponceña.

La salsa se convirtió en una música ampliamente utilizada para el baile, pero sus composiciones también abordaron asuntos relacionados con experiencias personales, relaciones humanas y la vida en las comunidades.

Con el tiempo, el género desarrolló diferentes estilos e incorporó nuevas generaciones de intérpretes. Su popularidad se extendió por América Latina y otras partes del mundo.

La presencia de la salsa en nuestra cultura es especialmente significativa porque muestra cómo la creatividad puertorriqueña ha participado en movimientos musicales que trascienden los límites geográficos de la Isla.

La música también viaja con quienes emigran

La emigración puertorriqueña ha desempeñado un papel importante en la conservación y difusión de nuestra música.

Desde finales del siglo XIX y durante diferentes etapas del siglo XX, numerosos puertorriqueños establecieron sus hogares en distintas partes de Estados Unidos.

Muchos conservaron prácticas culturales relacionadas con la comida, el idioma, las celebraciones familiares y la música.

El cuatro, por ejemplo, ha acompañado la música jíbara interpretada en comunidades puertorriqueñas fuera de la Isla. El Museo Nacional del Latino Americano del Smithsonian documenta su presencia en lugares como Nueva York, Chicago y otras ciudades estadounidenses.

Asimismo, las agrupaciones de bomba y plena han desarrollado actividades culturales en comunidades puertorriqueñas establecidas fuera de Puerto Rico.

Estas expresiones han permitido que personas nacidas lejos de la Isla conozcan manifestaciones culturales de sus familias y comunidades.

La música también ha incorporado experiencias nuevas surgidas de esos encuentros culturales. La relación entre Puerto Rico y Nueva York durante el desarrollo de la salsa es un ejemplo de esa interacción.

Por ello, nuestra historia musical no puede limitarse solamente a lo ocurrido dentro del territorio puertorriqueño. También incluye las contribuciones de quienes mantuvieron y transformaron esas expresiones en otros lugares.

Una tradición que continúa desarrollándose

La historia musical de Puerto Rico no terminó con los compositores y las agrupaciones de generaciones anteriores.

Nuevos intérpretes continúan trabajando con géneros tradicionales y desarrollando propuestas contemporáneas. Algunos mantienen los estilos heredados; otros combinan diferentes influencias musicales.

La educación musical, los conciertos, las grabaciones y las actividades comunitarias ofrecen oportunidades para que esas expresiones continúen siendo conocidas.

También desempeñan una función importante los archivos y las instituciones que conservan instrumentos, grabaciones, fotografías y documentos relacionados con los artistas.

El conocimiento de la música puertorriqueña puede comenzar en el propio hogar. Escuchar una grabación antigua, identificar sus instrumentos, conocer quién compuso una canción o conversar con familiares sobre sus intérpretes preferidos puede convertirse en una actividad cultural enriquecedora.

También podemos interesarnos por géneros que no formaban parte de nuestras preferencias habituales.

Conservar las tradiciones musicales no significa rechazar las nuevas expresiones. Ambas pueden coexistir y contribuir al desarrollo de nuestra cultura.

La música de Puerto Rico refleja siglos de encuentros culturales, el trabajo de numerosos artistas y la participación de comunidades que han mantenido vivas sus expresiones.

Conocer nuestra música es también conocer nuestra historia. Sus instrumentos, composiciones e intérpretes forman parte de un patrimonio cultural que merece estudiarse, disfrutarse y compartirse con las generaciones futuras.

Referencias

1. Morales Rodríguez, Gary A. (2014, 4 de septiembre). «Música puertorriqueña y su historia». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. Actualización del 18 de febrero de 2024. https://enciclopediapr.org/content/musica-puertorriquena-historia/

2. Arce, Jorge. (2014, 11 de septiembre). «Música autóctona tradicional». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. Revisión del 8 de junio de 2024. https://enciclopediapr.org/content/musica-autoctona-tradicional/

3. Grupo Editorial EPRL. (2014, 28 de agosto). «El cuatro puertorriqueño». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. https://enciclopediapr.org/content/el-cuatro-puertorriqueno/

4. Storer Corrada, Norman. (2023, 26 de julio). «¡Ataca Yomo!: Una mirada de cerca al cuatro de Yomo Toro». Museo Nacional de Historia Estadounidense, Smithsonian Institution. https://americanhistory.si.edu/es/explore/stories/yomo-toro-cuatro

5. Quiñones, Luciano. (2014, 11 de septiembre). «La danza puertorriqueña». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. Actualización del 21 de mayo de 2024. https://enciclopediapr.org/content/danza-puertorriquena/

6. Guadalupe Pérez, Hiram. (2014, 11 de septiembre). «Breve historia de la salsa». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. Revisión del 6 de noviembre de 2022. https://enciclopediapr.org/content/breve-historia-de-la-salsa/

7. Allende Goitía, Noel. «Rafael Hernández Marín». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. Revisión del 6 de febrero de 2021. https://enciclopediapr.org/content/rafael-hernandez-marin/

Créditos y fuentes

Fotografía 1. Modelos antiguos del cuatro puertorriqueño.

Autora y constructora de las reproducciones: Emma Dusepo. Instrumentos fabricados en 2011; fotografía publicada en 2012. Wikimedia Commons.

Licencia: Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 (CC BY-SA 3.0).

Archivo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cuatro_antiguos.jpg

Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.es

Fotografía 2. Cuatro puertorriqueño moderno.

Autora: Claireislovely. Fotografía publicada en 2010. Wikimedia Commons.

Licencia: Creative Commons Atribución 3.0 (CC BY 3.0).

Archivo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cuatro_de_puerto_rico.jpg

Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by/3.0/deed.es

Las máscaras de Loíza: arte, tradición e identidad — Abrir o cerrar

CULTURA Y OCIO · EDICIÓN 2

Las máscaras de Loíza: arte, tradición e identidad

Las máscaras de vejigante de Loíza se distinguen por sus colores intensos, sus expresiones llamativas y una característica que las hace especialmente reconocibles: están talladas en la cáscara dura del coco. Estas creaciones artesanales forman parte de una tradición que reúne historia, música, celebraciones religiosas y expresiones culturales de profunda raíz afropuertorriqueña. Conocerlas permite descubrir una de las manifestaciones más representativas del patrimonio cultural de Puerto Rico.

Máscara de vejigante procedente de Loíza, Puerto Rico
Foto: Yolydia, 2012 · Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0 · Fotografía, autor y licencia ↗

Loíza y sus tradiciones culturales

Ubicado en la costa noreste de Puerto Rico, Loíza es un municipio reconocido por la conservación de importantes manifestaciones culturales afropuertorriqueñas. Entre ellas se encuentran la bomba, las artesanías tradicionales y las Fiestas de Santiago Apóstol, una celebración en la que participan diferentes personajes, músicos, bailarines y miembros de la comunidad.

Las máscaras de vejigante forman parte de estas expresiones. Sus diseños han adquirido reconocimiento dentro y fuera de Puerto Rico, tanto por sus características visuales como por las costumbres relacionadas con su utilización.

Aunque para muchas personas estas máscaras son objetos decorativos, su significado original está vinculado con las celebraciones populares. Se utilizan junto con vestuarios, música y representaciones que forman parte de una tradición transmitida entre generaciones.

La historia de las máscaras también refleja los encuentros culturales que se produjeron en Puerto Rico durante el período colonial. Elementos de las festividades religiosas españolas se relacionaron con prácticas artísticas y expresivas de las comunidades africanas y afrodescendientes.

Con el paso del tiempo, estas manifestaciones adquirieron características propias de Loíza. Su permanencia demuestra la importancia de las comunidades que conservaron y adaptaron sus tradiciones.

¿Qué es un vejigante?

El vejigante es uno de los personajes más conocidos del folclore puertorriqueño. Se caracteriza por utilizar una máscara de rasgos exagerados, generalmente acompañada de cuernos, colores intensos y un traje llamativo.

Durante las celebraciones, los vejigantes participan mediante bailes, movimientos y representaciones de carácter festivo. Su presencia puede provocar sorpresa entre los espectadores, especialmente por el aspecto de las máscaras.

El nombre del personaje está relacionado con una costumbre antigua: algunos participantes utilizaban vejigas de animales infladas que llevaban consigo durante las festividades. Con ellas realizaban gestos y movimientos juguetones dirigidos a las personas que observaban la celebración.

Las investigaciones sobre esta tradición identifican antecedentes en las fiestas populares españolas, pero también destacan la importancia de las influencias africanas en las formas que adoptó el personaje en Puerto Rico.

Las interpretaciones culturales del vejigante no son necesariamente idénticas en todas las localidades. Sus características, materiales y participación en las festividades varían según las tradiciones de cada comunidad.

En Loíza, el vejigante mantiene una relación particular con las Fiestas de Santiago Apóstol.

Una máscara que comienza con un coco

Uno de los detalles más interesantes de las máscaras loiceñas es el material utilizado para elaborarlas.

Mientras que algunas máscaras tradicionales puertorriqueñas se construyen mediante técnicas de papel maché, las de Loíza se tallan principalmente en la parte dura y fibrosa del coco.

El artesano trabaja el material para darle forma y representar los rasgos del personaje. Los ojos, la nariz, la boca y otros detalles forman parte del diseño. También pueden incorporarse cuernos y elementos adicionales que contribuyen a crear su apariencia distintiva.

La elaboración requiere conocimientos sobre el material, el uso de herramientas y las características del diseño que se desea producir.

No todas las máscaras presentan exactamente la misma expresión. Algunas muestran dientes prominentes, lenguas, ojos de formas particulares y cuernos dispuestos de distintas maneras.

Los colores también desempeñan una función importante. Rojo, amarillo y verde son tonalidades tradicionales, aunque los artesanos utilizan una variedad más amplia de colores en sus creaciones.

El resultado es una pieza que combina técnicas manuales y decisiones artísticas.

Cada artesano puede desarrollar características reconocibles dentro de su trabajo, aun cuando conserve elementos asociados con la tradición.

¿Por qué las máscaras de Loíza son distintas de las de Ponce?

Cabezas de vejigantes, fotografía sin municipio de procedencia confirmado
Cabezas de vejigantes, procedencia municipal no confirmada. Foto: Oscar Rohena · CC BY 2.0 · Autor y licencia ↗

Aunque las máscaras de vejigante también son famosas en Ponce, existen diferencias importantes entre las tradiciones de ambas localidades.

En Loíza, el material característico es la cáscara dura del coco. Su forma limita y, al mismo tiempo, orienta las posibilidades del tallado. El artesano utiliza la estructura del material para desarrollar la cara y añadir otros detalles.

En Ponce, las máscaras tradicionales se elaboran principalmente mediante papel maché. Esta técnica permite construir formas voluminosas y añadir cuernos de diferentes tamaños y configuraciones.

Ambas tradiciones utilizan colores intensos, expresiones exageradas y elementos que identifican al vejigante, pero responden a historias festivas y procedimientos artesanales diferentes.

También es importante distinguir las celebraciones. Los vejigantes de Ponce están particularmente relacionados con las actividades del Carnaval Ponceño, mientras que en Loíza ocupan un lugar destacado en las Fiestas de Santiago Apóstol, celebradas durante el mes de julio.

No se trata de establecer cuál tradición es más importante. Ambas forman parte del patrimonio cultural puertorriqueño y merecen ser conocidas por sus características particulares.

Para reconocer correctamente una máscara es conveniente considerar su procedencia, el material utilizado y la información sobre el artesano que la elaboró.

Las Fiestas de Santiago Apóstol

Las Fiestas de Santiago Apóstol constituyen una de las celebraciones tradicionales más importantes de Loíza.

Se desarrollan alrededor del 25 de julio, fecha dedicada a Santiago Apóstol en el calendario católico. La celebración combina prácticas religiosas con expresiones musicales y culturales de la comunidad.

Una de sus características más particulares es la presencia de tres imágenes del santo, vinculadas con diferentes procesiones: Santiago de los Hombres, Santiago de las Mujeres y Santiago de los Niños, conocido también como Santiaguito.

El investigador Lowell Fiet, profesor de la Universidad de Puerto Rico, documentó en 2014 la organización tradicional de estas procesiones durante los días 26, 27 y 28 de julio.

Según la tradición oral recogida en sus investigaciones, una imagen de Santiago habría sido encontrada por pescadores en un lugar cercano al sector Las Carreras. La historia del hallazgo y de los acontecimientos que siguieron forma parte de la devoción popular de la comunidad.

Es importante distinguir este relato religioso, transmitido como tradición, de los acontecimientos históricos cuya fecha puede comprobarse mediante documentos.

Durante las festividades participan diferentes personajes y agrupaciones. Los vejigantes son particularmente visibles por sus máscaras y vestuarios, pero no constituyen los únicos protagonistas de la celebración.

Las procesiones religiosas, la música y las actividades comunitarias también forman parte de su desarrollo.

La celebración representa un ejemplo de cómo diferentes expresiones culturales pueden coexistir dentro de una tradición local.

Los otros personajes de las fiestas

Además de los vejigantes, las Fiestas de Santiago Apóstol cuentan con otros personajes tradicionales.

Entre ellos se encuentran los caballeros, los viejos y las locas, cada uno con características particulares dentro de las representaciones festivas.

Los caballeros se relacionan con la representación del personaje español y con elementos de las tradiciones religiosas que llegaron durante el período colonial. Sus máscaras y vestuarios se distinguen de los utilizados por los vejigantes.

Los viejos representan personajes populares mediante vestimentas y recursos sencillos. Las locas forman parte de una tradición de representación festiva en la que participantes utilizan ropa y caracterizaciones exageradas para provocar reacciones entre el público.

Estos personajes han cambiado con el paso del tiempo y algunos han tenido una presencia más limitada durante determinadas etapas.

Su estudio permite comprender que las fiestas tradicionales son manifestaciones complejas, formadas por distintas prácticas que se relacionan entre sí.

Las máscaras, por tanto, deben entenderse dentro del contexto de la celebración y no únicamente como objetos separados de las actividades para las que fueron creadas.

La familia Ayala y la conservación de la artesanía

La permanencia de las máscaras de Loíza está relacionada con el trabajo de artesanos que han transmitido sus conocimientos durante generaciones.

Uno de los nombres importantes en esta historia es Castor Ayala, reconocido por su trabajo en la elaboración de máscaras tradicionales.

El Museo Nacional de Historia Estadounidense del Smithsonian conserva en sus colecciones máscaras de coco realizadas por este artesano y procedentes de Loíza.

Los registros del museo identifican al autor y los materiales utilizados, lo que permite documentar su aportación mediante piezas conservadas institucionalmente.

La tradición artesanal también ha continuado mediante integrantes de su familia.

El investigador Lowell Fiet señala la importancia de Raúl Ayala y de otros artesanos que preservaron características tradicionales de las máscaras al mismo tiempo que desarrollaron nuevas propuestas.

Esta transmisión de conocimientos comprende mucho más que repetir una forma conocida.

Incluye aprender a reconocer los materiales, utilizar herramientas, desarrollar diseños y comprender el significado cultural de las piezas.

Las familias artesanas, las agrupaciones musicales y los participantes de las festividades han contribuido a que esas prácticas continúen formando parte de la identidad de Loíza.

La bomba y la vida cultural de Loíza

La música también desempeña una función importante en la identidad cultural del municipio.

Loíza es una de las comunidades especialmente vinculadas con la conservación de la bomba, expresión musical afropuertorriqueña que integra canto, percusión y baile.

Los tambores y otros instrumentos acompañan actividades y encuentros culturales donde se manifiestan tradiciones transmitidas durante generaciones.

Aunque la bomba tiene una historia propia y no debe confundirse con las máscaras de vejigante, ambas expresiones forman parte del amplio patrimonio cultural de Loíza.

Las agrupaciones musicales y las familias vinculadas con las festividades contribuyen a mantener prácticas que pueden conocerse mediante presentaciones, investigaciones y actividades comunitarias.

Esta relación entre artesanía, música y celebraciones muestra que la cultura de un pueblo no depende de una sola expresión artística.

Las máscaras adquieren un significado más amplio cuando comprendemos las circunstancias en que se utilizan y las comunidades que las conservan.

Del uso festivo a la artesanía reconocida

Con el paso de los años, las máscaras de Loíza también comenzaron a reconocerse como piezas artesanales de interés cultural y artístico.

Además de utilizarse durante las celebraciones, pueden formar parte de colecciones, exhibiciones y espacios dedicados al arte popular.

Este reconocimiento ha permitido que personas que nunca han presenciado las festividades conozcan algunas de sus características.

Sin embargo, es importante recordar que la máscara no nació solamente como un objeto de decoración.

Su desarrollo está relacionado con personajes, representaciones y celebraciones que forman parte de la vida cultural de una comunidad.

Cuando una pieza se presenta en una exhibición, identificar al artesano, su procedencia y el contexto de su creación ayuda a conservar esa relación.

Los museos y archivos pueden contribuir a documentar las técnicas y las trayectorias de los creadores, mientras que la práctica comunitaria permite que los conocimientos continúen utilizándose.

Ambas formas de conservación tienen importancia.

Una tradición que también pertenece a las nuevas generaciones

Las expresiones culturales se mantienen vivas cuando existen personas interesadas en conocerlas, practicarlas y transmitirlas.

En Loíza, la participación de artistas, músicos y nuevas generaciones ha contribuido a la continuidad de sus celebraciones y artesanías.

Lowell Fiet documentó en su investigación de 2014 una creciente participación de jóvenes y mujeres en las representaciones de vejigantes, así como la aparición de nuevas variaciones en los diseños de máscaras y vestuarios.

Estos cambios muestran que una tradición puede conservar sus elementos históricos y, al mismo tiempo, incorporar nuevas formas de expresión.

La enseñanza de las técnicas artesanales, las actividades culturales y la documentación de las prácticas comunitarias pueden contribuir a su preservación.

También es importante reconocer a las personas que desarrollan estas expresiones desde sus propias comunidades.

Su experiencia proporciona conocimientos que no siempre pueden comprenderse completamente mediante la simple observación de una fotografía.

Conocer las máscaras es conocer parte de nuestra historia

Las máscaras de Loíza representan una de las expresiones más reconocibles de nuestra cultura popular.

Sus materiales, diseños y colores reflejan el trabajo creativo de artesanos que han conservado y transformado sus técnicas durante generaciones.

Pero su importancia va más allá de la apariencia.

Están relacionadas con las Fiestas de Santiago Apóstol, con las prácticas culturales afropuertorriqueñas y con la participación de comunidades que han mantenido sus tradiciones.

La conservación de este patrimonio requiere reconocer tanto las piezas artesanales como a las personas que las elaboran y utilizan.

Conocer su historia nos permite apreciar mejor las diferencias entre las tradiciones de nuestros pueblos y comprender cómo las distintas influencias culturales contribuyeron a desarrollar expresiones propias.

Las máscaras de Loíza son obras artesanales, pero también forman parte de una historia comunitaria que continúa viva. Su verdadero valor se comprende cuando conocemos no solamente cómo se elaboran, sino también quiénes las han conservado y qué representan para su pueblo.

Referencias

1. Humanidades Puerto Rico, EnciclopediaPR. (2014, 9 de septiembre; revisión de Lizette Cabrera Salcedo, 22 de julio de 2021). «Origen de las máscaras de Puerto Rico». https://enciclopediapr.org/content/origen-de-las-mascaras-de-puerto-rico/

2. Humanidades Puerto Rico, EnciclopediaPR. (2014, 9 de septiembre). «Las máscaras puertorriqueñas». https://enciclopediapr.org/content/las-mascaras-puertorriquenas/

3. Fiet, Lowell. (2014, 16 de marzo). «Masked Enigmas: The Vejigante of the Fiestas of Santiago Apóstol in Loíza, Puerto Rico». ReVista: Harvard Review of Latin America, Harvard University. https://revista.drclas.harvard.edu/masked-enigmas/

4. Grupo Editorial EPRL. (2010, 7 de septiembre). «Municipio de Loíza». EnciclopediaPR, Humanidades Puerto Rico. https://enciclopediapr.org/content/municipio-de-loiza/

5. Smithsonian Institution, National Museum of American History. (Sin fecha de publicación indicada). «Careta de Vejigante», registro de colección nmah_601216. Máscara de coco realizada por Castor Ayala. https://americanhistory.si.edu/collections/object/nmah_601216

6. Smithsonian Institution, National Museum of American History. (Sin fecha de publicación indicada). «Careta de Vejigante», registro de colección nmah_602331. Máscara de coco realizada por Castor Ayala. https://americanhistory.si.edu/collections/object/nmah_602331

7. Discover Puerto Rico. (Actualizado el 25 de agosto de 2026). «La máscara de vejigante: un símbolo del patrimonio puertorriqueño». https://www.discoverpuertorico.com/es/articulo/la-mascara-de-vejigante-un-simbolo-del-patrimonio-puertorriqueno

Créditos y fuentes

Fotografía principal: Máscara de vejigante de Loíza.

Autoría: Yolydia. Fecha: 30 de julio de 2012. Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 (CC BY-SA 3.0).

Archivo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Vejigante_Mask_from_Loiza,_Puerto_Rico.jpg

Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.es

Fotografía complementaria: Cabezas de vejigantes.

Autoría: Oscar Rohena. Fecha: 11 de mayo de 2006. Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons Atribución 2.0 (CC BY 2.0).

Archivo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cabezas_de_vejigantes.jpg

Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/deed.es

El placer de leer: libros e historias que nos acompañan — Abrir o cerrar

CULTURA Y OCIO · EDICIÓN 2

El placer de leer: libros e historias que nos acompañan

Leer continúa siendo una de las actividades culturales más accesibles y variadas. Una novela, una biografía, un libro de historia o una colección de cuentos pueden despertar nuestro interés, acercarnos a otras experiencias y ofrecer momentos agradables de entretenimiento. Hoy disponemos de libros impresos, publicaciones digitales y audiolibros que permiten disfrutar de la lectura de diferentes maneras y según nuestras preferencias.

Mujer leyendo un libro
Foto: Prasanna Kumar, 2017 · Wikimedia Commons · CC0 1.0 · Fotografía, autor y licencia ↗

Leer por el simple placer de hacerlo

No todas las personas se acercan a un libro buscando lo mismo. Algunas disfrutan las novelas de misterio, otras prefieren las historias románticas, los acontecimientos históricos o las biografías de personas que dejaron una contribución importante a la sociedad. También hay quienes encuentran mayor satisfacción en los libros de viajes, las memorias personales, los cuentos o los ensayos.

Esta diversidad es precisamente una de las grandes posibilidades que ofrece la lectura. No existe un único género adecuado para todas las personas ni una cantidad determinada de libros que debamos leer para considerar que disfrutamos de esta actividad.

A veces una persona lee diariamente durante largos períodos. Otra puede dedicar unos minutos cuando encuentra un tema que le interesa. Ambas experiencias son válidas.

En una sociedad donde gran parte del entretenimiento se encuentra en pantallas, la lectura continúa ofreciendo una alternativa que permite avanzar a nuestro propio ritmo. Podemos detenernos en una página, regresar a un párrafo, consultar una palabra o interrumpir la lectura para continuarla posteriormente.

Leer también permite conocer experiencias que no forman parte de nuestra vida cotidiana. Una novela puede presentarnos circunstancias que nunca hemos vivido; una biografía puede ayudarnos a comprender las decisiones de una persona, y un libro de historia puede explicar acontecimientos que influyeron en el desarrollo de una comunidad.

Por eso, la lectura no tiene que convertirse en una tarea. Puede disfrutarse como cualquier otra actividad cultural que realizamos porque nos interesa.

Los libros continúan teniendo lectores

La aparición de los teléfonos inteligentes, las plataformas audiovisuales y otros medios digitales no ha eliminado el interés por los libros.

En una investigación publicada el 9 de abril de 2026, William Bishop, del Pew Research Center, presentó los resultados de una encuesta realizada entre el 6 y el 16 de octubre de 2025 a 8,046 adultos de Estados Unidos.

El estudio encontró que el 75 % de los participantes había leído, total o parcialmente, al menos un libro durante los doce meses anteriores, considerando cualquier formato.

El 64 % declaró haber leído libros impresos, el 31 % libros digitales y el 26 % audiolibros. Estas categorías no son excluyentes: una misma persona pudo haber utilizado varios formatos.

Entre los participantes de 65 años o más, el 73 % informó haber leído al menos parte de un libro durante el año anterior. El 65 % había leído libros impresos, el 23 % libros digitales y el 13 % audiolibros.

Estas cifras corresponden a una encuesta de adultos residentes de Estados Unidos y no representan una medición específica de los hábitos de lectura en Puerto Rico. Sin embargo, permiten observar que los libros siguen formando parte del entretenimiento de personas de distintas edades.

Los resultados también demuestran que las formas de acceder a la lectura se han diversificado. El libro impreso conserva una presencia importante, mientras que las alternativas digitales ofrecen nuevas posibilidades para quienes las prefieren.

Los géneros que podemos descubrir

Una de las maneras de disfrutar más la lectura consiste en encontrar temas relacionados con nuestros intereses.

Las novelas de misterio y suspenso presentan acontecimientos que despiertan curiosidad y mantienen el interés por conocer cómo se resolverá una situación. Las novelas románticas se concentran en las relaciones personales y en las circunstancias que afectan a sus protagonistas.

Las novelas históricas utilizan acontecimientos y ambientes del pasado para desarrollar relatos de ficción. Conviene recordar que, aunque puedan incorporar personajes o sucesos reales, sus diálogos y situaciones pueden incluir elementos imaginados por el autor.

Las biografías y autobiografías permiten conocer trayectorias personales. A través de ellas podemos acercarnos a experiencias profesionales, familiares, artísticas o sociales de personas que han vivido en épocas y lugares diferentes.

Los libros de historia, por su parte, presentan investigaciones sobre acontecimientos, comunidades e instituciones. Su valor depende, entre otros aspectos, de la calidad de las fuentes utilizadas y de la manera en que el autor distingue entre hechos comprobados e interpretaciones.

También encontramos libros de viajes, naturaleza, gastronomía, arte, música, ciencia y tecnología.

La poesía y el cuento ofrecen otras formas de expresión literaria. Algunas personas prefieren las narraciones extensas de una novela, mientras que otras disfrutan la brevedad de un relato que pueden terminar en una sola sesión.

Explorar géneros diferentes no significa abandonar nuestras preferencias. Podemos continuar leyendo los temas que siempre nos han gustado y, ocasionalmente, descubrir otros.

La literatura puertorriqueña también merece nuestra atención

Puerto Rico cuenta con una extensa tradición literaria que comprende poesía, narrativa, teatro, ensayo e investigación histórica.

Conocer las obras de autores puertorriqueños permite acercarnos a distintas maneras de representar nuestra sociedad, nuestras costumbres y acontecimientos de diferentes épocas.

Entre los nombres reconocidos de nuestra literatura figuran Julia de Burgos, René Marqués, Abelardo Díaz Alfaro, Rosario Ferré y Luis Rafael Sánchez, cuyas obras pertenecen a géneros y períodos distintos.

Algunos escritores han abordado asuntos relacionados con la identidad cultural, las relaciones familiares, las transformaciones sociales y las experiencias personales. Otros han explorado nuevas técnicas narrativas o se han interesado por la experimentación literaria.

También existen autores contemporáneos que continúan enriqueciendo la producción literaria puertorriqueña mediante novelas, cuentos, poesía y obras de no ficción.

La lectura de literatura puertorriqueña no tiene que limitarse a los libros estudiados durante nuestros años escolares. Podemos regresar a ellos con una perspectiva diferente o descubrir escritores que no conocíamos.

Las bibliotecas, las librerías y las actividades culturales relacionadas con los libros ofrecen oportunidades para familiarizarnos con estas obras.

Al explorar nuestra literatura, también resulta interesante conocer el contexto en que fue escrita una obra, quién era su autor y cuáles circunstancias históricas pudieron influir en su creación.

El libro impreso, el digital y el audiolibro

Durante mucho tiempo, la lectura estuvo asociada principalmente con los libros impresos. Actualmente existen otras alternativas que amplían las posibilidades de acceso.

El libro impreso sigue siendo apreciado por quienes disfrutan sostener un ejemplar, pasar sus páginas y conservarlo en una biblioteca personal.

Los libros digitales pueden leerse mediante dispositivos electrónicos, tabletas, computadoras y algunos teléfonos. Dependiendo de la aplicación, permiten modificar el tamaño de las letras, ajustar la iluminación y cambiar otras características de presentación.

Los audiolibros ofrecen una experiencia diferente. Una persona escucha la narración de una obra y puede disfrutarla sin tener que seguir visualmente las páginas.

Esta opción puede resultar conveniente para quienes prefieren escuchar historias mientras realizan determinadas actividades o para personas que encuentran dificultades con la lectura de textos impresos.

Ningún formato tiene que sustituir a los demás. Una persona puede preferir los libros impresos para leer en el hogar, utilizar un libro digital durante un viaje y escuchar un audiolibro en otra ocasión.

Lo importante es seleccionar la alternativa que resulte más agradable y accesible.

La Asociación Americana de Bibliotecas ha destacado la importancia de ampliar el acceso a materiales en letra grande, publicaciones digitales y audiolibros, particularmente para personas que enfrentan dificultades relacionadas con la visión o la movilidad.

La diversidad de formatos contribuye a que más personas puedan continuar disfrutando de los libros.

Cuando la lectura se comparte

Aunque leer suele ser una actividad individual, los libros también pueden convertirse en oportunidades para conversar y compartir experiencias.

Dos personas que leen una misma novela pueden tener opiniones diferentes sobre sus personajes, las decisiones que toman o el desenlace de la historia.

Estas diferencias pueden dar lugar a conversaciones interesantes y permitir que cada lector conozca otras interpretaciones.

Los clubes de lectura constituyen una manera organizada de compartir estas experiencias. Algunos se reúnen presencialmente en bibliotecas o centros comunitarios; otros funcionan mediante plataformas digitales.

No es indispensable pertenecer a un club formal. Dos amistades pueden escoger un mismo libro y conversar sobre él. Una familia también puede recomendarse obras o intercambiar ejemplares.

Leer en voz alta es otra posibilidad de compartir la literatura. Los padres y abuelos pueden disfrutar cuentos con los niños y conversar después sobre los personajes y los acontecimientos.

También pueden compartirse relatos familiares, memorias y experiencias personales que se hayan conservado por escrito.

La UNESCO ha reconocido el valor cultural de los libros como medios que permiten transmitir conocimientos y experiencias entre generaciones y comunidades. Su celebración anual del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, cada 23 de abril, busca precisamente promover la lectura y reconocer el trabajo de autores y editores.

Estas actividades recuerdan que la lectura también tiene una dimensión social y cultural.

Cómo recuperar el interés por leer

Hay personas que disfrutaban de la lectura durante su juventud y que, por diferentes razones, fueron abandonando esa costumbre.

Las responsabilidades familiares, el trabajo, otros entretenimientos o simplemente un cambio de intereses pueden influir en la cantidad de tiempo que dedicamos a los libros.

Retomar la lectura no requiere comenzar con una novela extensa ni establecer metas difíciles de cumplir.

Una alternativa sencilla consiste en escoger un tema que realmente despierte nuestra curiosidad. Puede ser la historia de un pueblo, una biografía, una novela de suspenso o un relato breve.

También es útil leer algunas páginas antes de decidir si deseamos continuar con una obra. No todos los libros tienen que gustarnos, y abandonar uno que no despierta nuestro interés no significa haber fracasado como lectores.

Otra opción es buscar recomendaciones de personas cuyos gustos conocemos o conversar con un bibliotecario o librero sobre los temas que nos atraen.

Si la lectura impresa resulta incómoda, podemos probar formatos con letras grandes, ajustar el tamaño del texto en un dispositivo electrónico o escuchar un audiolibro.

Lo importante es evitar que una actividad destinada al disfrute termine convirtiéndose en una obligación.

No necesitamos competir para determinar quién lee más libros. La cantidad de páginas terminadas no establece por sí sola el valor de la experiencia.

Las bibliotecas y el acceso a los libros

Las bibliotecas cumplen una función importante en el acceso a la cultura, la información y el entretenimiento.

Además de permitir la consulta de libros, muchas desarrollan actividades educativas, encuentros culturales y servicios relacionados con los recursos digitales.

La Asociación Americana de Bibliotecas informó en marzo de 2024 sobre iniciativas dirigidas a mejorar la accesibilidad de bibliotecas pequeñas y rurales. Entre los ejemplos documentados figuraban proyectos para incorporar libros de letra grande, mejorar la iluminación y facilitar los espacios a personas con limitaciones de movilidad.

Estas iniciativas muestran cómo las instituciones bibliotecarias pueden adaptarse a diferentes necesidades de sus usuarios.

También existen servicios especializados para personas que no pueden utilizar materiales impresos convencionales debido a determinadas discapacidades visuales, físicas o de lectura.

En Estados Unidos y sus territorios, incluido Puerto Rico, la Biblioteca del Congreso administra el Servicio Nacional de Bibliotecas para Personas Ciegas o con Dificultades para Acceder al Texto Impreso, que dispone de materiales en audio y braille para personas que cumplen los criterios de elegibilidad.

Antes de utilizar cualquier servicio conviene confirmar sus requisitos, la disponibilidad local y el procedimiento de inscripción.

Las bibliotecas no solamente conservan libros. También contribuyen a que personas de distintas edades y circunstancias tengan oportunidades de acercarse a la lectura.

Leer sin dejar de disfrutar otras actividades

La lectura puede formar parte de nuestras preferencias culturales junto con la música, el cine, los viajes, la conversación y muchas otras actividades.

No tiene que ocupar todo nuestro tiempo libre ni convertirse en un hábito impuesto.

Algunas personas disfrutan leer por la mañana, otras durante la tarde o antes de acostarse. También podemos reservar una novela para determinados días de la semana y dedicar otros momentos a diferentes entretenimientos.

Lo fundamental es reconocer que cada lector desarrolla una relación particular con los libros.

A veces encontramos una obra que nos interesa desde las primeras páginas. En otras ocasiones necesitamos explorar varios títulos antes de descubrir el que realmente deseamos continuar.

Esa búsqueda también forma parte del placer de leer.

Los libros permanecen disponibles en formatos tradicionales y digitales, con una variedad de géneros que permite encontrar alternativas para casi cualquier interés.

La lectura sigue siendo una oportunidad para entretenernos, descubrir conocimientos y compartir historias. No importa cuántos libros terminemos durante el año; lo importante es que aquellos que decidamos leer nos ofrezcan una experiencia que realmente disfrutemos.

Referencias

1. Bishop, William. (2026, 9 de abril). Americans still opt for print books over digital or audio versions; few are in book clubs. Pew Research Center. Encuesta realizada del 6 al 16 de octubre de 2025. https://www.pewresearch.org/short-reads/2026/04/09/americans-still-opt-for-print-books-over-digital-or-audio-versions-few-are-in-book-clubs/

2. UNESCO, Oficina Regional para Asia Oriental. (2024, 23 de abril; actualización del 4 de julio). 2024 World Book and Copyright Day, Let's Read Books from Today!. https://www.unesco.org/en/articles/2024-world-book-and-copyright-day-lets-read-books-today

3. American Library Association. (2024, 4 de marzo). ALA awards $3.6 million in library accessibility funding to 310 small and rural libraries. https://www.ala.org/news/2024/03/ala-awards-36-million-library-accessibility-funding-310-small-and-rural-libraries

Recurso institucional de consulta

Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Servicio Nacional de Bibliotecas para Personas Ciegas o con Dificultades para Acceder al Texto Impreso. Información institucional consultada el 19 de octubre de 2026. La página no muestra una fecha de publicación identificable.

https://www.loc.gov/nls/es/quienes-somos/

Fotografía principal

Mujer leyendo un libro.

Autor: Prasanna Kumar. Fecha: 18 de marzo de 2017. Wikimedia Commons. Dedicación de dominio público CC0 1.0.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Woman_reading_a_book_on_lap_(Unsplash).jpg

Licencia: https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.es

SEGUNDA EDICIÓN · ACTIVIDADES DESDE MEDIADOS DE NOVIEMBRE

Agenda

Propuestas culturales, musicales y recreativas en Puerto Rico a partir del 15 de noviembre de 2026. Los datos proceden de carteleras y fichas de los eventos publicadas por sus organizadores o plataformas de información.

202620–22 nov.

Festival Nacional Indígena — Jayuya

Plaza Pública Nemesio Rosario Canales · Jayuya

Celebración del patrimonio taíno de Puerto Rico, con artesanías, gastronomía y expresiones musicales tradicionales.

Verifique el programa y los horarios específicos antes de viajar.

Información y detalles en la fuente ↗

La página externa está en español, pero la descripción del evento permanece en inglés.

Fuente: Discover Puerto Rico · ficha del festival

202620–22 nov.

Festival del Ñame y la Carne Frita — Villalba

Centro urbano · Villalba

Encuentro gastronómico y cultural dedicado a la cocina tradicional de la montaña, con música y platos típicos.

La cartelera consultada lo anuncia con entrada gratuita; confirme los detalles antes de asistir.

Información y detalles en la fuente ↗

Fuente: Platea PR · cartelera del festival

202621 nov.

Concierto Clásico 5 — Orquesta Sinfónica de Puerto Rico

Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré · Santurce

Concierto de la temporada 2026–2027 dedicado al posromanticismo, con la dirección de José María Moreno Valiente.

La Orquesta anuncia descuentos para personas de edad avanzada en la boletería presencial, conforme a las condiciones aplicables.

Información y detalles en la fuente ↗

Fuente: Orquesta Sinfónica de Puerto Rico · cartelera oficial

202627–29 nov.

Festival Color Caribe — Dorado

Gran Parque Agroturístico Ecológico y Recreativo El Dorado · Dorado

Festival de música y arte urbano que reúne artistas, murales y propuestas gastronómicas para disfrutar la diversidad cultural del Caribe.

La cartelera anuncia actividades desde el 27 de noviembre. Consulte el programa por día.

Información y detalles en la fuente ↗

La página externa está en español, pero la descripción del evento permanece en inglés.

Fuente: Discover Puerto Rico · ficha del festival

202629 nov.

Festival Lágrimas de Monte — Hatillo

Hacienda Doña Fela · Hatillo

Jornada de tradiciones puertorriqueñas con música, artesanías, gastronomía, café y exhibiciones de vehículos antiguos y tractores.

Confirme los horarios y las condiciones de acceso antes de viajar.

Información y detalles en la fuente ↗

La página externa está en español, pero la descripción del evento permanece en inglés.

Fuente: Discover Puerto Rico · ficha del festival

20264–6 dic.

Fajardo enciende la Navidad

Casa Alcaldía, calle Muñoz Rivera · Fajardo

Celebración de inicio de la temporada navideña con luces, música y actividades familiares durante el fin de semana.

Verifique la programación y los horarios de cada día antes de asistir.

Información y detalles en la fuente ↗

La página externa está en inglés.

Fuente: Discover Puerto Rico · ficha del evento

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